LUISERÍAS

 

 

I –

Los espejos cóncavos

van deformando mis miradas

entre crepúsculos diversos.

 

Atenazados claro-oscuros imprecisos

se me pegan al costado

de los dioses de la vida.

 

Vivir es todo un ejercicio de mentiras

para confabular ausencias

y hacernos mercaderes del progreso.

 

Porque no hay hambres extrañas:

las hambres son de tierra y carne

y llevan etiquetas numeradas.

 

Etiquetas de dolores bien abiertos,

manejados y contados,

en el patio de todos los olvidos.

 

Se olvidan las manos sementeras

que no cotizan en la Bolsa

ni producen divisas ni poderes.

 

Solo el poder dignifica:

la muerte, sin embargo,

se va de retirada a los suburbios.

 

II

Tornarán las verdades en mentiras

de tanto descomponerse en perdones.

 

Habrá que inventar pretextos

para acallar los enigmas personales

con sus voces de terca indiferencia.

 

Tercos los miedos y las voces,

tercas las palabras que se pierden

al otro lado fugaz del pensamiento

sin que nadie las quiera o amaestre.

 

Domesticando pasiones esparcidas

coligaré mis propias soledades.

 

Más allá de mis miserias,

en el arco-voltaico y caliente de mis dudas

voy a digerir mis propios sentimientos.

 

Aunque bien se que es falaz y mentiroso

abarcar en un mismo saco de pasiones

los hijos de la ira que me nacen

por estar en el patíbulo del cielo.

 

III –

Deseos...

 

Deseos densos.

 

La gaviota mal-herida

va volando bajo.

 

Aterrizaré desde mi columpio

donde el mar se besa con la tierra

dejando mis pisadas ateridas.

 

Porque el frío del miedo y del fracaso

es de sangre volteada e imprecisa,

de íntimos escarceos con el viento

que me trae voces de éxodos pasados.

 

El dolor sabe a metal incombustible y tenebroso

de chupar las incógnitas acunada en las carnes

que son infinitamente finitas y pequeñas,

que tiemblan soledades y penumbras cotidianas,

que paren cielos, infiernos y lúgubres verdades.

 

Solo sabré que no soy indiferente a mis congéneres

cuando aprenda a compartir dolores con sonrisas compartidas

en un constante ejercicio de manos que se enlazan silenciosas

en una lucha contra las verdades del tiempo acorralado

que se torna cruel y miserable en el juego nada bien disimulado

de ir repartiendo soledades y caricias a trasmano de mis propios egoísmos.

 

Deseos...

IV

Esperando cielos compartidos

voy rodeado de luceros olvidados.

 

Porque nadie demolerá mis asombros

en esta parsimonia de silencios.

 

El hueco existe y el fuego crece

al pairo de las lágrimas del aire.

 

El hombre rezará sus rezos salvadores

con la llaga aún abierta y dolorosa

de miles de sonrisas escapadas.

 

Se marcharán las mañanas soñadoras

para hacer fuegos fatuos vespertinos

en el púlpito cruel de la inocencia.

 

Solo quedarán las flores escarchadas

que no recogimos a la hora convenida

en que el viento era fiel y liberado.

 

V –

Soles...

 

Relámpagos

anunciarán chasquidos eficientes.

 

Luces de artificios

azotarán advenimientos futuros

cargados de promesas y de símbolos.

 

Convulsiones de hondas efemérides

saludarán la era en la que el hombre

dejará de ser un dios insobornable

para hacerse solo un dios uniformado.

 

Ahora...

 

Mientras

seguiremos persiguiendo sombras.

 

Seremos fieles

a los designios del jefe de la tribu

que ha lanzado su proclama belicista.

 

Agacharemos la cabeza y la decencia

para ser del corro previsible y honorable

de las muertes necesarias para el orden

del mercado económico legítimo.

 

Soles,

          ahora,

                    del legítimo negocio...

 

VI –

Es peor la vida

   que se vive en amenazas.

 

Es peor la muerte

   que se muere en pesadillas.

 

Es peor la nada

   que se rompe entre algodones.

 

¡Dejadme de académicos discursos!:

las sombras se alargan y derriten

en un calvario de estúpidas mentiras.

 

Desnudo iré hacia el encuentro

del hombre primigenio y absoluto

cuando no queden ni besos ni dolores.

 

¿Habrá que adecentar verdades

ahora que la sangre revienta las arterias

de tantos gritos de hambre y de justicia?

 

Es mejor la vida

   que se vive en contrabando.

 

Es mejor la muerte

   que se muere de puntillas.

 

Es mejor la nada

   que se lucha a latigazos.

 

VII –

Las sillas están llenas

de cómodos tahúres bienpensantes.

 

La carta del silencio

  ha sido trucada en la baraja

    de una partida de muerte clandestina

      donde solo participan los dioses soberanos.

 

Flores de plástico

se han plantado en los cementerios.

 

Las muertes son distintas

  según los textos más sagrados

    que vamos descubriendo en los coloquios

      donde pensadores y filósofos debaten sobre sangres.

 

Las sangres solo sirven

para negociar contratos transitorios.

 

El dolor es bien diverso

  cuando las lágrimas son azucaradas

    que cuando de tierra y polvo se mezclan

      en una mixtura que desvelan hipótesis solemnes.

 

Las sillas están llenas

de falsos tahúres sinvergüenzas.

 

VIII –

En la hora gris de las máscaras

he abierto la careta de mendigo

rota de ilusiones y promesas.

 

Acabaré por los caminos polvorientos

cantando cantos imposibles...

 

Regueros de lágrimas perdidas

acompañan mis pasos disfrazados

que buscan un hueco de certezas.

 

Las mentiras juegan al partido ganador

con ánimo de lucro...

 

Las ganancias son turbios negocios

que devanean iras apagadas

en el mercado liso del miedo.

 

Miedo de miedos confundidos y voraces

al pairo del futuro...

 

(Solo

        el hombre

                       podrá vender

                                           el miedo)

 

IX-

Sones

 que el agua

   me refleja

    con límpida

            ternura. 

 

                   Viejos

                     cantos seculares

                       prendidos de caricias

                         abiertos para un mundo

                           empeñado en ser diverso.

 

Pasiones

 que el tiempo

   ya seduce

    con mano

       inmaculada.

 

                   Amores

                     que son llagas

                        de viejos compromisos

                           bien perdidos y encerrados

                              para un dios equidistante.

 

Sones que van apasionando

viejos amores olvidados...

 

X –

Te dolerán las manos

de ir gritando tempestades.

 

Hermano: déjame recorrer tus emociones

porque es tiempo de discursos elocuentes

y solo me seduce ver caer las madrugadas.

 

Te moverán las piernas

de creer que andas acabado.

 

Amigo: dame el mar que te ha correspondido

en el reparto fiel de cielos y leyendas

porque solo yo sabré regar tus ilusiones.

 

Te sangrarán los ojos

de ser lágrimas y amores.

 

Amada: róbame las pasiones escondidas

debajo de mil cortezas nunca evidenciadas

y ponme una flor en mis sueños ocultos.

 

Te reirán los labios

sonrisas que nunca descubriste.

 

XI –

El rojo me sorprende

con su veneno de muertes y de vidas.

 

          Amor rojo

          rojo sangre

          roja envidia

          vidas rojas.

 

Me duele el amarillo

con su carga de envidias y dolores.

 

          Sol amarillo

          amarillo odio

          amarillo dinero

          perros amarillos.

 

El azul me contamina

con su trasparente fuerza enamorada.

 

          Mar azul

          azul cielo

          azul ternura

          besos azules.

 

Me ciega el negro

con sus duros y trágicos presagios.

 

          Silencio negro

          negro luto

          negro olvido

          muertes negras.

 

Nunca supe

ni del blanco ni del verde:

un arco-iris sospechoso

germina mis lamentos...

 

XII –

¿Y ahora?

 

¿Ahora qué haré

con los tiempos congelados?

 

¿Qué con los proyectos

que me hicieron ser futuro

en un coro de pretéritos?

 

¿Qué con las turbias emociones

que se han ido quedando ya caducas

debajo de cortezas de lunas fracasadas

en un constante devenir de soledades?

 

¿Qué con las magias de soles imposibles

que han mamado de un pasado irreverente

tan viejo y gastado en los esfuerzos cotidianos

que es imposible dar la media vuelta decisiva

para que todo encaje en un milagro de bienes compartidos?

 

Ahora

       voy sabiendo

                        que debo vivir

                                            sin tiempos ni presentes...

 

XIII –

Ven:

deja que mi verdad te mienta

porque quiero recoger tus soledades.

 

(Voy acariciando

el aire que respiras

para saberme partícipe

de tus mismas añoranzas)

 

Ten:

toma mis manos deslumbradas

y hazme un rosario de deseos.

 

(Quiero acariciar

la fuerza que derrochas

para dejarte mis tesoros

en tu hueco imprescindible)

 

¿Seguiré caminando en el camino?

¿Volveré a amar sin condiciones?

¿Hablaré de versos y de lunas?

¿Buscaré salidas no encontradas?

¿Cantaré historias nunca dichas?

 

Ven...

Ten...

 

XIV –

Estoy tan vivo

que casi no me siento ni yo mismo.

Estoy tan muerto

que apenas me duelen ya las sangres.

 

(Deberías

cantar amores imposibles,

guitarras que tejen y que danzan,

flores de parques nunca vistos ni soñados,

amables veredas donde los niños se van haciendo hombres)

 

Estoy tan lúcido

que huelo la miseria en la distancia.

Estoy tan confundido

que me mienten hasta las evidencias.

 

(Deberías

reír amables poesías,

canciones de doncellas esperando,

relatos donde el mar no mata ni castiga,

loas para el consumo necesario de tranquilos transeúntes)

 

Estoy tan fatigado

que huelo el invierno en primavera.

Estoy tan contento

que soy como un sosias de la luna.

 

(Deberías...

¿por qué o para quién deberías?)

 

XV –

Se perdió tu voz

y encontré mis silencios.

 

Azucares

hierbabuenas

especias olorosas

suspiros...

 

Quiero regresar

a tu útero fecundo.

 

Cañaíllas

sabores

hipíos disonantes

chirimías...

 

Aún me dejaste

el dolor de tus aromas.

 

Calores

chumbos

picantes despertares

recuerdos...

 

Hoy ya no siento

más que huecos alambrados.

 

Martinetes

soledades

cábalas precisas

deseos...

 

 

XVI –

La magia de la luz

      revolverá

tus aletargadas emociones.

 

                    Serás luz o sombras

                    a impulsos inconstantes,

                    a golpes insolentes.

 

Los golpes de la vida

      voltearán

las voces que nunca permitiste.

 

                    Verás vida o muertes

                    a trancos apagados,

                    a lúcidos instantes.

 

Las certezas del presente

      socavarán

tus ansias permanentes de futuros.

 

                    Tendrás flores o silencios

                    a ritmos dirigidos,

                    a densos nubarrones.

 

La calma del espacio

      sucumbirá

a las dudas del tiempo compartido.

 

Serás

       solo

            lo que quieran

                                 que tu

                                          seas...

 

XVII

Campanas,

¿para quién tañen las campanas

ahora que las muertes y las sangres

ofrecen sus tributos cotidianos?

 

Ding: de hambres sin consuelo.

Dong: de muertes con revancha.

Dang: de tumbas en silencio.

 

Campanas,

¿qué nuevas navidades insurrectas

quieren ofrecer a los mendigos

que los justos han ido repudiando?

 

Ding: de pobres ignorados.

Dong: de sueños malheridos.

Dang: de olvidos lacerantes.

 

Campanas,

¿por qué la fiesta es un aquelarre

de hipócritas promesas

disfrazadas de muecas bondadosas?

 

Ding, dong, ding, dang...

Ese Dios vestido de sheriff justiciero,

esas crepitudes, esos desengaños,

ya zumban en mis carnes acorchadas.

 

XVIII –

Iras de espuma

van salpicando el cielo

que clama desde espejismos

de sus carnes entreabiertas.

 

Los fuegos fatuos

se desgarran en el aire

que va retomando amenazas

de señales tormentosas.

 

La tierra cede

al ímpetu marino

con llagas rotas sobre el vientre

de sus viejas ofensas.

 

     Rompen cementos

        rajan cubiertas

           vuelan angustias

              mueren agravios...

 

La naturaleza se revancha con un grito

de venganzas prisioneras de un pasado

asaeteando a las personas y a las cosas

que fueron desolando sus misterios.

 

XIX

Se mece el trampolín

en el aire

que rueda al costado

de la vida.

 

                                   Refulgen los colores

                                   del mar

                                   en una sinfonía inacabada

                                   de sonidos.

 

Parpadea el viento

de la tarde

jugando al escondite

con la noche.

 

                                   La magia del silencio

                                   acorrala

                                   las voces aturdidas

                                   del tumulto.

 

La aurora se sonríe

misteriosa

haciendo carantoñas

al olvido.

 

                                   La vida, vive...

                                   La muerte, espera...

                                   Solo el sueño perdura.

 

 

XX

Soledad de sentimientos

      soledad

que lesiona y daña.

 

                                        Mentiras,

                                        palabras que maltratan

                                        hacen daño y desconfían.

 

Soledad de soledades

      soledad

que pide ayuda.

 

                                        Escondidas lágrimas

                                        en cualquier rincón

                                        del inconsciente.

 

Soledad de desespero

      soledad

que clama ausencias.

 

                                        Engaños del aire

                                        cuando el mar

                                        no tiene ya ni olas.

 

Soledades,

                mentiras,

                               lágrimas,

                                               engaños,

                                                             soledades.

 

 

 

 

Luis E. Prieto

Diciembre-2001