11 -       TAUROMAQUIA

 

                                   Para Guillermo Leiro, que ama a los toros

                                                             pero no la tauromaquia.

 

Ya no son necesarios

ni el sol ni las moscas

en la plaza. Ya no

son las cinco en punto

de la tarde. Ya no

hay animal, toro bravo,

justicia elemental en el arte,

desafío, ni siquiera lance.

 

La tauromaquia se ha vestido

con las prendas irrisorias

del escándalo. Apenas

un pobre animal, tullido,

moribundo, descastado y abanto,

-tétrica caricatura del pasado-

hociquea el albero redondo,

suenan los aplausos destonados

de los que se creen en el único derecho

del regocijo popular y el espectáculo.

 

¡Ay, pobre toro desbravado,

ay, pobre iluso aficionado...!

 

Y el maestro, el matador que ya no mata,

que asesina vulgarmente

con la espada de cartón y dando saltos,

genuflexea pinturero mirando al "nueve"

como un prometeo de juguete

descargando la suerte, atravesando el pico,

adelantando la pierna que no es,

derecheando insistentemente hasta el agobio

al socaire de la mentira y del engaño.

 

¡Ay, pobre toro desbravado,

ay, pobre iluso aficionado.!

¡Ay, pobres toreros de salón,

ay, aficionados de ilusión...!

 

¿Dónde fueron las faenas

del más listo y el más fuerte;

dónde el dominio, el mando,

el temple y el poema

de ese íntegro animal

que olía el viento de la tarde

con sus astas como lumbres

estiradas y valientes?.

 

Ya no son necesarios

ni el sol ni las moscas

en la plaza: solo

un fajo bien surtido de billetes,

un buen saco de aplausos

y la caricatura triste, insultante,

de un torerito galante

dando inmundos diestrazos

a cualquier morlaco asfixiado

injusto paradigma

del toro encastado y bravo.

 

Ya no son

    las cinco en punto de la tarde...

 

 

    LUIS E. PRIETO

 

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