4 -       CANCIÓN DE AMOR

 

Te escribo desde la noche sola, desde el silencio

que nos une y nos separa como una fiebre

que vuelve y se va y se queda lejos con la luna

para volver con el viento hacia la playa.

Te escribo hecho noche, convertido para ti

en una amplia avenida solitaria de la noche

por donde cruzan ausentes cien gritos apagados

como fantasmas sonámbulos, por donde la brisa

se hace copla de murmullos cadenciosos entre tinieblas

y los ecos parecen sonrisas o lloros o voces tensas.

 

Para cuando seas algo más que una esperanza

- niña ya mujer, ya madre, ya carne de mi carne sin tapujos

recuerda que la noche es nuestra amiga,

que hemos bebido en ella nuestra espera y nuestra ausencia

apurando cada día su vaso bien repleto de ilusiones.

Las noches de mis brazos han sido para soñarte

amándote simplemente con tus ojos confundidos

y con esa sonrisa-niña de niña-mala,

con esa sonrisa tuya tan cercana y tan caliente.

Viniste a mis brazos, niña, desde el filo de una sonrisa

y me dejaste un beso de aire tibio entre mis labios

como se deja una flor recién cortada de la tierra

para que no se pudra en la intemperie de la vida.

Y yo recogí tu flor dulce entre mis brazos ahítos

y puse abono a mi tierra repleta de flores

para que la flor no se agostara entre la escarcha

y diese su fruto nuevo algún día.

 

Mi tierra era una tierra amplia y mis brazos

tan aparentemente fuertes como sencillos.

En las noches que se acaban y que vuelven

yo salía desde el fondo de algún sueño

sin saberte dentro, como se sueñan esos sueños

que esperas que siempre regresen desde algún sitio.

En las noches que eran tuyas desde mucho antes de tenerte

mi corazón era un bosque, una senda clara,

una sospecha chica, una luz hecha sonrisa de niña-niña.

 

Viniste tanteando la luz de mis sueños con tus palabras

que no sabían del camino largo ni de la entrega

y dejaste un roto prendido al costado de mi silencio.

Tus palabras de niña-niña : “bueno, tu bésame, a ver cómo sabe...”

fueron demasiado grandes, demasiado simples e ingenuas,

para mis brazos fuertes, dormidos sencillamente.

 

Contigo, con tu amor transparente y constante

me he ido haciendo viejo para el mundo.

Contigo mis canas se han vuelto tiernas

y mis arrugas del alma abundantes.

Contigo he aprendido la risa abierta y limpia

y los caminos torcidos del tiempo.

Contigo, con tu amor silencioso y callado

me he vuelto viajero del espacio y cronometrador del silencio.

 

      Contigo, mi amor, contigo...

 

 

       LUIS E. PRIETO

 

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