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12-
Cadencias de razones
enfrentadas
en el cotidiano
devenir de los afectos,
inexplicables
diferencias, inusitados
disentimientos sin
causa concreta,
solo porque sí,
porque el tiempo pasa
y hace daño
aunque juguemos desde
siempre
a la misma cómplice
ruleta.
Ahora son el silencio
y la rabia
las ofensas
voluntarias y pensadas
para doler, para dar
la réplica
a los agazapados
agravios
que siempre se guardan
en un hueco
del alma cotidiana.
Porque ahora el ímpetu
reciente
del alma juvenil y
desfogada
no vibra con la misma
fuerza monocorde
y hay vacíos y
silencios dolorosos
que se quedan
estancados reposando
en el fondo de tu vida
y huelen a cloaca y a
miserias.
Deberían ser, sin
embargo, tiempos
de desagravios, de
suaves reflexiones,
de amables charlas
a la luz de las velas
del tiempo,
ahora
que se nos escapa
parte del mañana
porque vamos sabiendo
ya
casi todas las
respuestas...
LUIS E. PRIETO |