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    (Para Marisa, que vivió en la distancia

la historia de este fracaso)

 

 

Despechos

de palabras no entendidas,

de conceptos transformados

no porque sí,

no por aleatorias coincidencias,

no,

no por casualidades destempladas,

si no por el miedo y la defensa

de ser violado en la distancia.

 

Defensas,

escudos protectores y corazas

que se tornan ofensivos y procaces

ante el miedo que vas mamando

inevitablemente con el tiempo,

que te hacen enemigo potencial

de todo aquello que se acerca

levemente hacia tu mundo.

 

Mundos

que se van alejando sin remedio

haciendo barricadas insalvables

para salvar trocitos de soledad

y de miedo compartido y no aceptado

porque es más simple la huida,

el meter el amor en un agujero

de alambres y de tierras corrompidas

que dar la cara y afilar el alma

al socaire de las trincheras.

 

Luego queda el fracaso,

el no haber sabido cortar alambres

a través de las palabras dulces,

los reproches consecuentes

hacia tu destemplada certidumbre

de humano, de ser real, de

hombre tributario de miles de golpes

a veces asimilados con paciencia

pero siempre picantes, hirientes, desquiciantes.

 

La historia de un fracaso cotidiano,

uno más,

apenas imperceptible,

pero que marcan mis sueños esperados

de nuevos mundos, de nuevas gentes y caricias.

La historia de un fracaso,

uno más,

a penas imperceptible...

 

 

 

LUIS E. PRIETO

 

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