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9-
Debo ser la conciencia
sojuzgada de cientos
de pueblos
que van derramando sus
miedos
por los caminos del
mundo:
la voz que no calla
y la herida que no
deja la sangre
para que no se coagule
ni se oculte.
Debo ser la voz
de millones de mudos
atrapados
en el silencio del
miedo,
en el vacío cultural,
en el pozo
de la hambruna y la
pobreza.
Debo ser la guitarra
que acompañe en la
alborada
la alegría y los
cantos de la tierra
que festeja los
mágicos encuentros
de las lunas
encendidas.
Y debería ser,
cuchillo y yunque,
beso y pañuelo,
amanecer y grito,
camino...
para recoger las
ansias escondidas
de todos los rincones
del planeta.
¿Qué hacer?
¿Cómo olvidarme y
entregarme
para que nada o nadie
se me escape?
A la postre
no soy más que un
pobre
escribiente temerario
con ínfulas
eternas...
LUIS E. PRIETO |