Mimi

A mi nieto Guillermo

 

        Como una mariposa

-tenues los círculos del aire,

abigarrados y casi ofensivos los colores,

gráciles y rítmicos los impulsos

de las alas cimbreantes-

te acercas a mí, desbordando

todos mis afectos, inundando

todas mis clásicas y nuevas pasiones.

 

Y me dices abuelo (yayo, yayito)

y me desbordas de inmediato

con esa energía que apisona,

que descoloca emociones nuevas y antiguas

aparcadas en su orden conveniente:

¡yo, que me creía tan vigente

para ser amante, para mover el mundo,

para remover desde el infinito

el principio eterno de la vida...!

 

Y me dices abuelo, como una mariposa

o como un ciclón desaforado,

y me desborda tu mensaje sin palabras

que no quise aceptar por lo pequeño

sabiendo que era terriblemente fresco,

novedoso y desconcertante, tan claro,

que me iba a doler la magia

de no entenderlo ni saber representarlo.

 

¡Y yo que me creía tan lejano

de las nuevas señas de la vida

que me traes como un mensaje novedoso

cotidiano y dulcemente imprevisible!.

¡Y yo, que cuando me anunciaron

tu presencia metafísica y positiva

me sentí desplazado y viejo,

asustado e injustamente ignorado

porque me estaban otorgando un título

que no tenía aún previsto!.

 

Yo, que ahora cuando te siento,

siento renacer hacia adentro

aquel niño olvidado en la playa

con olor a chumberas y a salitre,

aquel niño, Mimi, mi nieto,

que como tu corría y daba tumbos

por encima de la vida y las estrellas.

 

 

 

LUIS E. PRIETO