Lésbico

 

 

Me duele vuestro impulso

natural y diferente,

como puede doler el mar,

la luna llena en primavera

y el sol en el desierto.

 

Me fascinan vuestros cuerpos,

vuestros labios de azúcar y de leche;

vuestros pezones encarnados

a un paso de salirse de los pechos

que palpitan como flores descarnadas;

vuestros sexos calientes y tiernos

que no se compenetran

pero que se acarician deseosos

en un océano agotado de pasiones;

vuestras nalgas y vuestros dedos

recorriendo los rincones conocidos

del amor recalcitrante;

me enloquecen las sonrisas

de morbosa complacencia

y las lenguas juguetonas y voraces

que recorren vuestros surcos

como serpientes enroscadas y calientes;

y los ojos

fuegos fátuos, artificios explosivos

de picante sabor a pecado...

 

Me asomo a vuestros juegos

como un espía agazapado y confuso:

con la envidia transpirando fehaciente

por todos los poros del deseo,

en un éxtasis provocador y obsesivo

de querer y no poder

más que ser partícipe del aura

que me embarga y que me quiebra.

 

¡Maldita naturaleza, maldita sociedad

que me encajona sin quererlo

al otro lado de vuestros juegos,

en la frontera prohibida de vuestras caricias

y vuestros deseos!

 

¡Maldito sexo,

ortodoxo y necesario,

que me duele como el mar,

como la luna llena en primavera,

como el sol en vuestros cuerpos!

 

 

LUIS E. PRIETO