Lolita

El mito eterno

 

        Me turba tu inconsciencia

o esa pícara sonrisa de revancha

que llevas desde niña en tu regazo.

 

Me turban los juegos de pecado

con que atacas, atormentas, insultas y estimulas

atrincherada al otro lado de la infancia

que manejas como un dardo envenenado

para el hombre satisfecho.

 

Te deseo y te aborrezco

desde lo más íntimo de mi carne

y desde lo más lúcido de mi mente

que lucha a brazo partido

entre el placer y la ética.

 

Tu veneno voluntario, tu involuntaria ternura,

surcan todos mis poros abiertos

desde el horizonte de los siglos

transpirando soledades, salpicando irreverencias,

fantasías de placeres malditos y confusos.

 

Te deseo y te aborrezco, Lolita...

 

 

 

LUIS E. PRIETO