Para Juan

 

 

¿Por qué te encerraron

en aquella funda que aborrecías?.

¿Por qué aceptaste tanto tiempo

aquellos órganos que te insultaban?.

¿Por qué dejaste tus hormonas

escondidas en aquella caja de música,

y aquel bigote forzado,

y aquellos tacones robados en secreto

hasta que se ha roto tu estima a pedazos?.

 

Desde la genética de los tiempos

donde todo está controlado hasta el milímetro

te has empeñado en equivocar a diario

las normas que controlan lo evidente:

has dicho no a tu cuerpo, viril y concentrado,

y has cambiado tu voz y tus afectos

en un dificilísimo ejercicio adaptativo

a nuevas exigencias.

                                   De pronto, para el mundo,

te han crecido los pechos y la mirada

se ha vuelto de terciopelo nacarado;

de pronto, para esta sociedad perpleja y ordenada,

has reivindicado unas “reglas” que no tienes

y unas pasiones que no se entienden

y que provocan miedo e inquietud:

bisexualidad agazapada en las clases dominantes

y envidia de hembra con macho sumergido.

 

Y te han castigado: te han arrojado

A las páginas de los diarios con anuncios

de relax 801, de ofertas de servicios

para los mórbidos ciudadanos bien pensantes

y mal practicantes de la doble moralina

que vociferan en público mientras os usan en privado

aprovechándose de esa indefinición programática

que os envuelve y os mantiene.

 

Quiero decirte Juan, ahora Macarena hormonada,

que no os envidio pero que tampoco os difamo:

siento pena por vuestra encrucijada

y una atracción fatal y ludopática

por esa bisexualidad de formas encendidas

que lleváis como una cruz entre las piernas

y como un pesario en vuestra rubia cabellera.

 

Os deseo más, mucho más,

de lo que os rechazo y os temo...

 

 

 

LUIS E. PRIETO