CARTA A TERENCI MOIX que nos ha dejado el 14º día de la cruel invasión a Iraq

 

 ( El día 2-4-03, mientras los tanques y blindados del “mundo libre” siguen destruyendo Iraq, ha fallecido el escritor Terenci Moix )

 

No sé si vale la pena llorar ahora.

No sé si sirve, Terenci, -tú, que has ido juntando palabras magas y verdades antiguas-, que llore ahora tu partida cuando se están muriendo cada minuto cientos de pobres gentes atrapadas entre fanatismos opuestos y benditos.

Oigo a los comentaristas, y me duele sentirme desarmado y atrincherado detrás de mis palabras, a refugio de las bombas de fragmentación (ya, ya sé que son salvadoras y  que no destruyen masivamente, sino sólo invasivamente), aturdido y a salvo, sabiéndome ciudadano de primera clase de un mundo que combate a la tiranía con el horror de las muertes colaterales, de los fuegos amigos y de la ayuda humanitaria.

Terenci: ahora que te has ido, probablemente asqueado, como muchos, de las falacias que nos han impuesto, quiero que sepas que no entiendo, -como tú no entendías-, por qué hay que invertir 60.000 millones de dólares en reconstruir lo que previamente se está destruyendo con saña, por qué hay tiranos y asesinos que gozan de carta de presentación y patente de corso en el mundo. Aunque, quizás, sí lo sepamos, y lo dolamos, escurridos en nuestras trincheras bien guardadas de cantos literarios.

Me gustaría decirte, admirado escritor, que nuestra rabia, y nuestras palabras y escritos, están sirviendo para parar la barbarie, que el clamor de millones de personas que todavía piensan que la verdad no se vende en los Mercados de Divisas, va a servir para desenmascarar para siempre a los tiranos vengadores... pero me temo, amigo, que no sea cierto, porque los humanitas solemos tener la tendencia a olvidar pronto las sangres innecesarias, y agradecer, a la postre, a los que nos ayudan a ser más ricos, felices e insensibles cada día.

Ya sabes, Ramón, que, al poco de tú irte, sonaron las campanas en todas las iglesias de Manhatan porque la 101 Aerotrasportada, en una operación relámpago apoyada por decenas de helicópteros “Apache” y abundante fuego de cobertura, ha podido liberar, “de un hospital donde estaba siendo atendida”, a una soldado americana que había caído prisionera en las garras mortíferas de las tropas iraquíes. Eso sí, no pude escuchar de los altos mandos del mundo cuántos daños colaterales había costado el asalto al hospital, ni cuántos niños, mujeres, enfermeras y médicos del centro habían perdido la vida. Debe ser, compañero, que no deben tener el mismo valor las mujeres según se vistan, o el color de la tez de su rostro, o, acaso, de las oraciones que recen por las noches.

Bueno, al menos, Terenci, no tendrás que abochornarte más al escuchar a nuestro insigne presidente bramar, desde la tribuna de oradores del Parlamento, defendiendo la “guerra justa”, y, sobre todo, la necesidad de no quedar aislados del “mundo libre”.

¿Sabes, Terenci?: nunca pude decirte que tus libros acompañaron, desde la sensibilidad más exquisita, muchas de mis tristezas, y que tu persona me ayudó a entender mucho mejor a aquellos hombres que reivindicaron siempre su diferencia.

Ahora es un poco tarde para decírtelo, pero no quería guardármelo por si los dueños del mundo me condenan a mí, cualquier día, a las barricadas del silencio.

Descansa, compañero, allá donde te encuentres, y sé feliz, que por aquí lo tenemos bastante difícil...

 

Luis E. Prieto

2-4-2003