CARTA ABIERTA A D. JOSÉ TOMÁS, TORERO.
Sr. D. José Tomás: le escribo esta carta para comunicarle la tristeza y el desencanto que un grupo de aficionados a la Tauromaquia tenemos desde que usted decidió, haciendo uso sin duda de su libertad, pero olvidándose sin duda también de un gran grupo de aficionados que habían visto renacer desde su asunción a los ruedos las verdaderas esencias de la Tauromaquia, abandonar las plazas donde la televisión hiciera su aparición y su trabajo.
No quiero entrar
a enjuiciar, porque no creo que me compita, las razones profundas de su decisión,
que en lo que a mí me ha llegado al menos son harto discutibles, pero lo que sí
creo tener derecho, como aficionado, es a decirle que nos ha dejado huérfanos
del toreo de verdad, que, aunque algunos como yo nos hemos negado a seguirle por
plazas alternativas como las de Aranjuez o la remozada “chata” de
Carabanchel, sentimos pena y rabia cuando leemos sus triunfos en las críticas
taurinas de los diferentes periódicos, que creemos que en beneficio de una
fiesta que se acaba por la vulgaridad y las mentiras, hubiera sido necesario un
entendimiento para que los aficionados no fueran los últimos paganos de
decisiones que desde luego no han favorecido en nada a la Tauromaquia.
Desde el más
profundo respeto quiero decirle que es usted, en mi opinión, culpable (junto
con el maestro Joselito, otro de los escasos toreros de verdad) de que muchos
aficionados estén abandonando sus abonos en las más importantes ferias de España,
e incluso estén abandonando las plazas de toros, dejando la Tauromaquia
convertida en un vulgar y sangriento espectáculo siniestro para disfrute de
aplaudidores compulsivos con bota y merienda,
y turistas morbosos.
Cuando usted
apareció en los ruedos, D. José, volvimos a saborear el arte de torear de
verdad, sin mentiras ni ventajas, citando al toro en su terreno, templando y
mandando al morlaco, y embarcándolo cargando la suerte. Fue como un maravilloso
revulsivo del que esperábamos, por mimetismo, que muchos toreritos pintureros
se contagiasen, tanto así como que
muchos aplaudidores compulsivos entendieran, -por semejanzas y desemejanzas-, qué
era lo que se debía aplaudir y por qué, y qué lo que se debía rechazar y por
qué.
Pero nuestro
gozo duró demasiado poco: un buen día nos enteramos que usted se negaba a
torear allá donde la televisión plantara sus “reales”, y, aunque pensábamos
que los tiros no irían demasiado lejos y que al final se llegaría a algún
acuerdo sensato, de momento está usted cumpliendo a rajatabla sus promesas para
mal de los aficionados en general.
Sr. D. José Tomás:
como aficionado a la Tauromaquia, a punto de dejar de serlo porque las
vulgaridades y las mentiras no me compensan el esfuerzo personal y económico,
le pido encarecidamente que vuelva usted a deleitarnos de nuevo con ese toreo de
verdad que, según me contaba un día su padre emocionado mientras usted bordaba
una faena en el coso venteño, es el único que sabe y que quiere hacer, y que
tantas veces ha demostrado.
Un cordial
saludo de un admirador y aficionado a la Tauromaquia.
LUIS
E. PRIETO