LOS IDUS DEL 2000  

                                                Pequeño viaje sentimental o crítico por la sociedad del presente

 

Los simbolistas(¿o debería decir los simbologistas, o los fetichistas?) están con la baba caída a la espera de que los, nunca bien vistos ni admitidos, dos nueves caigan y sean enterrados para siempre. Será el amanecer del nuevo mundo, las esperanzas removidas de todas las promesas que nunca se cumplieron y que se derramarán como racimos procelosos y fecundos.

Los proféticos se apresurarán a traducir a Nostredamus a los cuatro vientos, prometiendo, en razón de intereses geográficos, una mezcla bien surtida de goces y de sombras, de promesas y de miedos.

Los  lunáticos y extraterretistas, a punto del orgasmo metafísico porque el nuevo milenio será (¡tiene que serlo, por fuerza!) el siglo de las abducciones y del desembarco, cual ósmosis perfecta, de los hombroides en el malogrado planeta tierra.

Y los sobrenaturalistas, los visionarios espirituales y los místicos, alucinando en colores (y sin más ayuda que un mesencéfalo predispuesto y a punto) con el año del amor divino que embargará, cual pócima embelesante, a la humanidad descreída, prosaica y displicente.

 

Mientras, en las postrimerías del siglo, las gentes se ignoran y se escupen con una fuerza inusitada y salvaje. Los pueblos se odian o se pelean a muerte por un quítame allá esta lengua, o esta religión, o esta cultura, o estos dineros. Los sexos se desprecian o se vilipendian porque “ahora me toca a mí ocupar el puesto represivo que tu tuviste”, o porque “ni te lo creas que voy a dejar de ser el dominante”. Las familias se enrarecen o se pudren porque se dedicaron demasiado tiempo a analizar y desprestigiar aquello que no les gustaba, y casi ninguno en programar, (la televisión y el currelo obsesivo y desesperado no lo permitieron) aquello que reemplazaría a los ídolos derrumbados. Los jóvenes se crecen en un afán inconmensurable de pavoneo y narcisismo, mientras los viejos, -legión triste, aburrida y pesarosa-, vagabundean sus cuerpos maltrechos en parques, hospitales y residencias con nombres bucólicos.

 

¡Qué panorama...!

 

Sin embargo aún quedan algunos, simples o tercos, que se afanan sospechosamente en ubicarse en este tiempo y en esta hora de transición y dudas. Aún quedamos algunos (los últimos románticos, me dijeron un día) que hemos decidido combatir el miedo con la razón, y el silencio con la palabra y el pensamiento abierto. Aún quedamos los nostálgicos, los froidianos irredentos, los líricos, los gandianos aviolentos, los pesados, los comunicadores de la esperanza y de la amistad, los esforzados tolerantes, los antimilitaristas y los pro- minorías olvidadas, los voceros de la paz y del amor...

Necesitamos pocos medios pero muchas fuerzas y no poco entusiasmo y dedicación. Acaso seamos, solamente, los pingajos de esta historia que se balancea entre el 99 y el 2000, pero estamos decididos a ser testimonio del presente que se acaba y del futuro que no cambia:

Un moscardón pesado y molesto para todos los conformistas o visionarios de la historia...

 

                                                                          LUIS E. PRIETO