( o de cómo una multitud de adolescentes han tomado al asalto el medio )
Es obligatorio aceptar, porque es de recibo, que son precisamente los más jóvenes los que han tenido un mayor y más familiar acceso a unos medios que a casi todos se nos antojan de un futuro impredecible e importante. Parece también lógico convenir que los llamados adultos andan aún hoy, sobre todo en España, defendiéndose como “gatos panza arriba” en la utilización de la comunicación globalizada que es considerada por muchos como algo esotérico o mágico, en el mejor de los casos, y como tremendamente enrevesado o sospechoso, en el peor de los presupuestos.
Cierto.
Pero de ahí a que se convierta en una labor microscópica la búsqueda de
“sitios” donde poder charlar amigablemente y sin sobresaltos de temas
concretos, no obligatoriamente profundos, en cualquier sala o habitación de
chat de los muchos servicios que se ofertan en la red, va todo un mundo.
En
mi experiencia personal, realizada con un afán de investigación y una no menos
alta dosis de paciencia, ha sido absolutamente lamentable (honrosas excepciones
aparte) encontrar una posibilidad de diálogo coherente y sosegado. Es increíble
la temática y el vocabulario que uno puede echarse a la cara en la inmensa
mayoría de las habitaciones y charlas: una jerga de monosílabos y saludos
plagados de abundantísimos signos de interrogaciones e interjecciones, y en un
dialecto mitad “cheli” y mitad iconoclasta desfenestrado. Por no hablar de
los cientos y cientos de “holas”, “¿cómo están?”, “¿de dónde
sois?” o “¿hay alguna chica que quiera hablar conmigo en la sala?”...
(Dicen
que a esto lo llaman el Ciberligue).
¿Y
qué decir de las habitaciones donde toda su actividad dialéctica consiste en
la agresión y en el insulto, en la zafiedad y en la vulgaridad?. Los analistas
más conspícuos seguramente objetarán que se trata de un mecanismo
compensatorio de la juventud actual que gasta adrenalina a raudales en tan
interesantes actividades como sistema de adecuación al mundo real. ¡Estupendo!
Personalmente
me ha costado un esfuerzo importante poder encontrar “sitios” que no
estuvieran asaltados por el ejército de adolescentes vociferantes y vacíos. Es
cierto que haberlos, haylos, pero no es menos verdad que son minoritarios y que,
casi siempre, están fuera de los circuitos más conocidos.
Creo
que tendríamos que hacer entre todos un importante esfuerzo para que el
ciberespacio, sobre todo hispano, adquiriera poco a poco un mayor nivel de
comunicación y de diálogo, de intercambio cultural y vivencial, e intentar ir
arrinconando el cibersexo y el ciberligue en lugares perfectamente identificados
y exclusivos.
Nos
estamos jugando, creo, un mundo nuevo de analfabetos electrónicos.
En
eso estamos algunos...
LUIS PRIETO