Cierra la puerta.
No preguntes por qué se te están acorchando los dedos y la boca se te seca de tanto
tragar ausencias.
Sabías de las conquistas imposibles, de las tenaces sombras que engullen de un
suspiro los proyectos más soñados, de los laberintos que se visten de verde y rojo
para parecer veredas amables, de los tropiezos.
La guillotina no solo se inventó para los nobles.
Al otro lado del quicio podrás divisar el mundo esperado, el agua, el sonido
quejumbroso y monocorde de una gaita, la luz de algún lucero, o, tal vez, la nada.
Aprenderás, seguro, que la nada también existe y tiene corazón de olvido y ojos de
lechuza loca. Que no hay más doloroso amor que el no sabido. Que no más terrible
hambre que la saciada sin milagros.
Cierra la puerta.
Puedes preguntarle, quizás, a la niebla qué se esconde detrás de su mirada de
bruja, por qué ya no cantan los abedules en las riveras, dónde se esconden las
músicas, el olor cansado del marisco y del salitre
.
¿Acaso no aprendiste a reventar silencios?
¿No eras mago de lo oscuro?
¿No del azul sin continentes?
Vamos, deja ya que se cierre la puerta...
Luis E. Prieto
Enero-07