EL LABERINTO DEL CAOS


Nada perturba el horror de la carne abierta, nada el fanatismo infinito de los dioses

que odian, nada el discurso de las armas que los grandes talibanes de Occidente

recrean ante las cámaras para el consumo de los cómodos habitantes de las gafas

oscuras.

 

Si no hay sangre, no hay presente.
Si no dolor, no fantasía.
Si no pólvora y lágrimas, no negocio.

 

Las voces del desquite se difuminan entre las luces de los arcoiris festivos, y los

fuegos artificiales emulan el sacrificio lúdico de las máscaras con orejas vacías y

manos compulsivas.

 

Hambrunas para el banquete de los amnésicos.
Miedos para la gloria de los Magos de Oriente.
Muertes para el Nacimiento de los ingenuos atávicos.

 

Una tristeza profunda, gris y sorda, embarga el corazón aturdido de los humanitas

con asombro: vacío de cadenas que chirrían en las calles templadas por el amor

ficticio; desayunos con diamantes mientras el fuego devora los precipicios de los

nostálgicos del karma.

 

Mientras, los soldados se visten de rojo y negro.
Las mujeres se desnudan para el beneficio de los Bancos.
Los hombres egolatrizan sus carencias.
los muertos se olvidan.

 

Es el principio del caos, el comienzo del futuro pluscuamperfecto...

 

Luis E. Prieto
Enero-07