EN LAS MADRUGADAS JUSTAS
En las madrugadas de ensueños justos he conocido tus sueños de odio en tus noches injustas.
Y no he sabido qué decirte, ni qué decir a mis proyectos paritarios, mientras cae el alba con la placidez de los días sin hambres y las tardes sin heridas que taponar con miedos.
El cielo, aparentemente, sigue siendo añil, y las estrellas no parecen haber trasformado en azufre sus brillos descarados y distantes. No siento en mi espalda el dolor de vientos de pólvora, ni la hirsutez de la tierra resquebrajada de sed y abandonos. Las playas siguen acumulando cementos de lujo al borde de aguas que reciclan marrones en verdes para el consumo, y se venden sonrisas al por mayor en los rincones donde los políticos juegan a ser equilibristas mentirosos.
¡No, no me mires con tu boca sin dientes!
No, por favor, no me enseñes las cicatrices de tus muslos sin piernas: sé que ese obús también lo fabriqué yo con mis palabras vacías, protectoras de calmas…
No seas tan miserable como para restregar tus dolores por mis sueños de chocolate y promesas.
Acepto que me he mentido cada noche, que he convertido tus angustias en cantos clandestinos, que se me ha ido la vida en discursos y lágrimas que de poco o nada te han servido.
Concédeme, aún, si te quedan fuerzas y el rencor te permite mirarme con algo más que desprecio, un tiempo de prórroga para reponer las vergüenzas de mi voz oculta y de mis manos ausentes.
Pero, no: no me enseñes tu abdomen de ballena, ni tus labios cortados, ni tus ojos con moscas, ni tus sangres afligidas…
Luis E. Prieto
Octubre-04