ESTÁBAMOS ALLÍ

 

     (para muchos)

 

Estábamos allí, descabezando imposibles, vistiendo de gala y sueños tiempos en los que las palabras se habían cruzado en distancias y pasiones, haciendo verdad que, a pesar de duelos y miserias, podía prevalecer la magia y vestirse de fiesta emocionada.

 

  Conjuros de miel ácida y quebradas sonrisas.

  Incógnitas abiertas al suspiro de la piel y el tacto.

  Sorpresas de mazapán y flores tiernas en las manos temblantes.

  Deseos entrecortados en cercanías esperadas y abiertas.

 

Sólo salpicaba el aire el rumor continuo de los ojos zigzagueantes en las voces que las latitudes perfumaban de sándalo viejo, o de abrazos calientes. Abrazos en las palabras ocultas, temblorosas de disgregar el “tempus” de las soledades, convertidas en onanismos de teclados y pantallas.

Abrazos vestidos de temor y ángel, convertidos en dedos y labios enfebrecidos por la ilusión de la imagen, por el pavor a lo próximo y fugaz.

 

  Lejanías de corazones bañados por el espacio difuso.

  Contravientos que se cuelgan de los resquicios inermes.

  Abismos del aire que se suspenden en los atardeceres bruñidos.

  Cercanías que se tornan simas en el fragor de los besos.

 

Luego, reposos de sol y nieve. Incertidumbres que rompen cotidianidades de espera y caricias. Incógnitas que se disfrazan de tiempo o de mudismos atávicos. Presunciones que duelen desde la certeza de lo mutable.

Recuerdos, recuerdos...

Balanceos de risas y sangres en el contrachapado tapiz de las nostalgias y de las sandalias caminantes.

 

Recuerdos: dolores y luces impulsando futuros.

 

Luis E. Prieto

Mayo-05