FUE ENTONCES...
En el principio fue el desorden, los agujeros ocultos por donde respiraban babosas y se escondían, en la noche, los murciélagos; el círculo imperfecto en el que se iban ahogando las hiedras, estranguladas en sus propias lianas, el tobogán de barro y estiércol por el que se deslizaban las penas antes de estallar en sollozos.
Luego retozó el lamento de una flor quebrada en el levante, y todos los huecos perdidos cerraron las persianas al futuro. Y el cemento se tiñó de azaleas, y vinieron los magnolios a redimir la solanera con sus capullos de nieve roja, y los sauces lloraron lluvias de azúcar y algodón dulce.
Más tarde se abrieron las puertas de los graneros y las talanqueras de los rediles: las cigüeñas desplegaron sus alas de luna sombreando los surcos fértiles preñados de mijo y azafranes; mugieron los chotos y relincharon las yeguas acompañadas por el canto asonante de los colibríes y de los carpinteros, mientras las lagartijas se ocultaban en los rincones de las sombras húmedas.
Y por fin se dislocaron los besos escondidos y se amotinaron las caricias que andaban aguardando el tiempo en el que la tramontana aventara las esperanzas contra las rocas, ahora cubiertas ya de una suave brisa perfumada con salitres cercanos.
Fue entonces cuando brotó el invierno, cuando los cuervos huyeron desperdigándose entre los laberintos del espacio, cuando llegaron los duendes del amor con sus ajorcas cargadas de campanillas ardientes.
Fue entonces...
Luis E. Prieto
Noviembre-05