Hay un silencio corrupto
engarzado en los espejos vacíos
de la noche:
soledades
que destilan el agua amarga
de las ausencias.
El tilo ha reservado sus brotes de nieve para el fuego del hogar sin lumbre, y el aire ya no canta nanas de niños sin cuna.
Sé que estás
en el límite impreciso del corazón
que se convierte en ascua
de luz,
atisbando las lunas tristes
que ronronean los confines de una selva
donde el amor se diluye
acosado por cocodrilos sin ojos:
allí
he reconocido tu voz sin músicas
ni olvidos.
Esperaré, junto al madroño, que retornen los frutos de las flores caídas para hacer guirnaldas de estío y caricias.
Y haré del silencio melodías: blues de algodón y olivo para tu boca.
Luis E. Prieto
Abril-06