Y si regresan los jilgueros
recordarás que fuimos tierra y surco
antes del desamor de la noche.
Pero nunca supe si regresaron porque las noches se hicieron de humo y cenizas entre mis manos.
Supe, sí, de precipicios sin fondo, y de cuchillos que amenazaban el aire tibio; de rincones que agazapaban el miedo o de laberintos con salidas abruptas...
Redimirás el silencio
con las risas de los reptiles
que devoraron tus venas.
La sangre se fue congelando en el aire perdido del recuerdo.
Y no pude reptar las risas de las culebras porque se me consumió el placer del hacha y del estiércol.
El silencio se tornó en consumidor de madrugadas...
Las luciérnagas te contarán
el vaivén de mis ojos
en las selvas ocultas.
No hay luciérnagas, ni ojos, ni ya lujurias que fertilicen mis selvas.
Solo van y vienen nostalgias de caramelo viejo y chocolate amargo.
He olvidado el sabor de las certezas...
Sabrás de mí
por el poniente que se levanta
en los recodos de los días.
Será tarde para el murmullo del poniente porque ya no puedo escuchar el mar que me vestía de esperas.
Y los días, los días, se han hecho interminablemente interminables.
¿Sabré reconocerte?
Luis E. Prieto
Febrero-06