NO QUISO MIRAR ATRÁS

 

  (para Marial Lázaro, Carmen Vega e Issa Martínez)

 

No quiso mirar atrás: había estatuas sonriendo en muecas trágicas, máscaras de cartón congeladas en rictus hieráticos, lagartos sin soles con las bocas abiertas a la nada, soldaditos de hojalata sin tambores.

 

Sabía que el carnaval del silencio que se viste de cantos profusos estaba en todo su apogeo, aventando consignas para exorcizar el miedo, inmolando el discurso de las risas para evitar la confusión de las lágrimas, redecorando éticas desde el paredón demócrata de los compartimentos no estancos.

 

Nada que la Historia no hubiera convertido ya en leyenda sabida, en soliloquios cansados, aunque presumía que cada vez les era más difícil mantener las letanías confusas y los baluartes moldeados en arcilla sin fuego.

 

Pero intuía, también, que había ojos inmolados en la confusión  y la perplejidad de los precipicios abiertos, en el dolor sincero del hueco y del espanto, en la histeria amarga de la soledad de los caminos ambivalentes.

Ojos que hubieran deseado no soñar el sueño triste del vacío, o de la sangre reventando surcos antiguos con que labrar equinoccios y promesas.

 

Ángeles caídos por el rayo de una realidad rompedora y brutal, angelicales ángeles no aptos para el concilio de las verdades que manchan de negro el paraíso perdido de los recuerdos.

 

Pero no quiso mirar atrás: cerró la puerta y aprendió a borrar los rastros del tiempo pasado, dejando que las lágrimas y la sed sólo interrumpieran sus insomnios.

 

(Sabía que era casi imposible reconvertir en sonrisas los besos fugados, y en pieles sinceras los silencios agudos... y que los ángeles casi nunca conocen las miserias de los hombres...)

 

Luis E. Prieto

Mayo-05