PLATÓN SE EQUIVOCABA...
Te dejé mostrarme el color pardo de tus angustias y el olor de tus deseos imposible. Me tragué las lágrimas, que no quise enseñarte para que no fueras cómplice de mis apuros. Sabía de tu dolor, porque siempre pude descifrar silencios impuestos y bucear en las palabras escritas con claves de deseos. Y me convertí en roca para no herirte, y en acorazado sin cañones para no naufragar en tus ojos de súplica imposible.
- ¿Sabes?: te estuve buscando en los rincones donde el agua hace cabriolas con la vida y la esperanza...
- Soy fuente antigua –le dije- mis aguas guardan misterios entregados desde hace lustros...
- No me importa: la ilusión me viste de princesa...
Fui consciente del equilibrio difícil con el que tu voz murmuraba demandas vestidas de lazos rojos y susurros lejanos. Tuve miedo del pavor que la verdad confiere a los besos guardados, de la pasión insatisfecha entre sueños que convierte al deseo en posesión esdrújula, de las corrientes de luna cambiante que soportan imágenes en distorsión de horizontes y futuros negados.
Y me hice frontón silencioso y perdido, y marea oculta en los anocheceres en los que la ausencia se convertía en monólogo y en silencios ambiguos.
- Platón no sabía del inconformismo agudo de las hembras... –le dije para calmar ardores.
- Te noto ausente. Parece que te has ido a buscar los Idus de Febrero en las catacumbas del desprecio.
- No, no... Simplemente Platón se equivocaba: se equivocó mezclando sueños y realidades en una combinación imposible... –le dije.
Y me parapeté de los Idus de Febrero antes de que la rabia lejana y el despecho me convirtieran en un monstruo, o de que la Primavera me vistiera de “nomeolvides” morado...
(Porque entre el amor y el odio sólo hay unos pasitos fantasmas)
Luis E. Prieto
Febrero-05