SOLLOZOS DE TIERRA

 

Sollozos de tierra

en los muros del espíritu que busca

disfraces de viento y agua.

 

La fuente

ya no mana distancias

de soledades rojas:

se rompió el plebiscito de los ojos

en miradas en círculos.

 

Ya no sangran los labios que se amorataron de barro y cieno, ya no rezuman salivas de amor y odio por entre las uñas convertidas en garras, ya no se quiebran las madrugadas altivas en gritos de insolentes insomnios burlados a la noche.

 

Un pez bucea en las entrañas de la ballena jorobada buscando rocíos para amamantar los días del pasado. Y la hiena no ríe carcajadas siniestras, ni el camaleón se viste de borracho para escapar de las iras de las máscaras, que se rebelan en las polichinelas de los aguafuertes del escenario.

 

Sombras y luces

en parihuelas de selva quemada

por los títeres impíos

que cantan al son de las marionetas

del teatro.

 

Susurros

destruyendo la voz limpia

que busca cariátides solemnes

en los estuarios de cera

donde se fueron a morir los besos

que ya no existen.

 

El gallo ha cantado amaneceres de sangres limpias, luego de quitarse la caperuza de las pasiones interpuestas en el discurso de las lágrimas o de los paraísos perdidos.

Nada ha quedado del recuerdo: alcaravanes y cigüeñas han seguido planeando territorios intermedios para no perder el aire en el que se depositaban caricias de algodón dulce, o sonrisas compungidas tras las máscaras de la soberbia.

No hay territorio prohibido: sólo territorios en los que las manos se juntan para evidenciar la pasión de sentirse, sencillamente, honestos.

No apostasías entrelazadas en miradas celosas de las voces compartidas, que hieren para saberse libres.

No graznidos de cuervos inútiles para la paz de los cementerios de las palabras.

 

Sollozos de tierra

en los labios que persisten

cantando misterios,

en las letanías

que musitan en las alboradas

cárceles de amor y fuego.

 

Sollozos

para reconvertir

pasiones vestidas de rosa

en caminos preñados de verde.

 

Sollozos que son futuros...

 

Luis E. Prieto

Junio-05