TENDRÁ QUE VENIR EL MAGO...

           para I. M.

Estoy aguardando que los crisantemos destilen su rabia luego de haber amparado

el luto y el fracaso.
Estuve en la rendija huera donde las palabras no servían, en el parapeto que forman

las escondidas voces de la noche, en la cara oculta de la esperanza, vacía de

promesas.

 

Sé que, ahora, el amor se ha hecho más valiente y que el cariño debe resguardarse

de los idus del verano, apilando ascuas en los altillos, haciendo cortafuegos entre la

soledad y el miedo, arrumbando labios en el silencio compartido en la distancia.
Debería aprender que hay murmullos que cantan y canciones aguerridas que

distorsionan el latido de la voz oculta; que las orillas solo pueden juntarse y

derramar mareas simétricas cuando los ojos aprenden a distanciar el dolor de las

manos huecas y de los cuerpos sin piel tangible.

 

Tendrá que venir el mago de las rodillas cansadas para rebautizar el camino con

sus palomas salvajes, y sacar de su chistera de sueños un pentagrama de abrazos.

 

Tendrá que venir el mago...

 

Y, entonces, aprenderemos que la boca también sirve para el beso callado.

 

 

Luis E. Prieto

Junio-07