HACE FRÍO
Hace frío en este rincón del mar poblado de gaviotas en el que las olas atrevidas continúan descargando soledades o recuerdos en forma de espumas lujuriosas.
Hace un frío extraño: a veces como una erupción de piel abrasada por el contacto de las algas; a veces hielo de lejanías pobladas por caretas que ríen o lloran al compás de una brisa despoblada de nostalgias que se prende en el faldón de nuestros pasos vagabundos.
Adivino tus palabras, cada décima de tus sonrisas de maga escondida entre algodones antiguos, cada minúscula porción de tu territorio disperso, cada diminuto gajo de tus sueños de mermelada y turrón. Y he visto la jaula de los fantasmas, y cómo los mimabas detrás de los barrotes para que no perdieran nunca su capacidad provocante, para que siempre te recordaran que alguna vez fueron tuyos, y los venciste.
No he necesitado, -esta vez no-, el piano omnipresente que me acariciaba los labios con el calor de unas “piezas frías”, derretidas desde tus manos temblorosas por la certeza de sentirte dentro, de saberte tan cercana que hasta los olores se habían hecho compartidos y de un sabor fugaz a marisco recién arrebatado a las rocas.
El magnolio, ¿te acuerdas?, dejó caer sus flores tempranas para alfombrar los jardines en el silencio del Pazo impenetrable, mientras soñábamos letras para sentirnos vivos, al socaire de sonrisas complacientes que nos miraban desde la burla cariñosa o desde enigmas difícilmente desnudables.
Aquel rincón del agua, -lo sabes-, era agreste, revolucionario, novedoso en cantos y mareas, atrevido, estimulante: tan lleno de vida incierta que dolía desde la certidumbre de los espejos cóncavos que se tornaban irregulares y con azogues imprecisos.
Luego, al final, llegó la muerte, tan miserable a pesar de tan anunciada, congelando besos y saltando lágrimas, naufragando olas perseguidas, llenando de adioses presurosos las noches de cerveza y miradas habladoras.
Y el frío se hizo camino y pasaje entre las sierras para no penar marejadas de cementerios ingleses…
(Hace frío en este mar sin olas, ni mariscos, ni palabras calladas)
Luis E. Prieto
16-2-2004