TE HAS ASOMADO A LOS SUEÑOS

 

Te has asomado a la puerta para ver correr la vida con tu cara de payaso incrédulo, dejando en el perchero del tiempo afectos confundidos con las sombras.

 

Sueños… Tenías sueños y a ellos te entregaste al filo de la navaja, sabiendo que recogerías espumas más que olas, vientos más que brisas, miradas mucho más que besos.

Esperabas ver a Pierrot bailando valses en la luna, y al Príncipe Valiente derrotar a las Hidras sin cabezas, pero con fuego en las entrañas, en un combate justo y sin engaños; necesitabas saber que las serpientes podían convertirse en sombreros con sólo acariciar sonrisas, que seguían existiendo zapatos para casi todos los pies desnudos.

 

Volar, -lo intuías-, no era sólo para pájaros, aunque nunca pensaste que fuera tan complicado dejar que el viento agitara tu cuerpo sin alas y convertirlo en cometa.

Acaso pensaste que todos los mares tenían similares azules, y parecidas mareas, y simétricas resacas: tenías que haber probado antes el sabor de la sal y el color de los fondos arenosos, las algas que los pueblan y los enigmas que los baten. Hubieras volado bajo entonces, cuidando que los maremotos no hirieran gratuitamente tu vuelo.

 

Ahora barrunto nubarrones en puertas entrecortadas, disfraces de gladiador sin fieras, naufrago en islas sin playas, cometa arrancada de cuajo por un golpe de dolor inexplicable.

 

Ahora

cuando se ciernen tatuajes

con besos robados al tiempo,

cuando

se difuminan pasiones ignoradas

porque no sirven los olvidos

y has adelantado la voz

por encima de las lágrimas,

presiento el eco de la sangre prisionera

rebuscando huecos novedosos.

 

Y ya no sabré qué decirte

para cerrar heridas a un futuro

convertido en príncipe de cartón,

de hojalata o aserrín…

 

Te has asomado a la puerta a ver pasar la vida, y he visto cómo se rompía tu disfraz de prestidigitador de sueños.

Y sólo he podido llorar contigo.

 

Luis E. Prieto

2-2-2004