PASEN Y VEAN...
¡Pasen y vean, señores, pasen y vean!, clamaba a voz en
grito delante de la caseta de feria el animador del espectáculo.
¡Pasen y vean, señores!: sufrirán con el celoso y
rabiarán con el histérico. Y no se pierdan al envidioso y al pleitista
contumaz. Disfrutarán con la lánguida emotiva y saltarán de gozo o de
impaciencia con el hombre de las dos caras superpuestas. ¡Pasen y vean, señoras
y señores!
La caseta de feria estaba rodeada de nada.
Tenía una carpa de colores que cambiaba armoniosamente
según las condiciones climáticas, y un enorme escenario en movimiento. La gente
se arremolinaba alrededor del vociferante animador del espectáculo.
¡Pasen, pasen, no tengan miedo!: el polémico montaraz
hará su combate exclusivo con la tímida doncella de dulces desengaños, y los
removedores de mierda os mostrarán su exquisita hegemonía en el manejo del
circo cotidiano. Y no dejen de disfrutar con el hombre de los sueños ni con las
mujeres que acometen y relinchan.
La multitud, salida quién sabe de dónde, comenzaba a
inquietarse en torno al vociferante reclamo del animador del cotarro. Los niños
tiraban del brazo de sus padres para que les condujeran hacia la entrada. Los
padres andaban indecisos llenos de preguntas sin respuestas.
¡Todo gratuito, solo la voluntad si ustedes consideran
que el espectáculo lo merece!, desafiaba el animador vociferante.
Podrán admirar al amargado solitario en una disputa
dialéctica sin par con el intelectual resabiado y ofensivo. Experimentarán, sin
cortapisas, las últimas novedades del mago de la envidia en combate sin igual
con el ingenuo de turno. Y admirarán a los políticos y a los hombres de negocio
con sus trajes de faena y sus inquebrantables actitudes solidarias.
¡Pasen y vean, pasen y sientan, señores!: hay negros y
amarillos, pobres y ricos, timoratos justicieros y vengadores asesinos. Y
muchos, muchos mentirosos compulsivos...
Parte del público había comenzado a desfilar hacia
adentro de la carpa, y todos se preguntaban de dónde habría surgido aquella
caseta de feria intempestiva y gratuita.
Un adolescente, con cara de idiota, le preguntó al
animador vociferante:
-
Oiga, buen hombre, ¿cómo se llama el espectáculo?
El hombre volvió la mirada hacia el idiota y, sin perder
la compostura, le dijo:
-
El gran espectáculo del mundo...
Luis E. Prieto
10-1-2002