SUERTE

 

  (relatín del 22 de Diciembre, día de la Lotería de Navidad)

 

 

Había tenido un año “horribilus”: primero murió su padre de una hemorragia cerebral, por Febrero, y dos meses más tarde, su madre, siempre tan saludable y enérgica, le había dejado, luego de un calvario indescriptible por un cáncer de mama; Luisa, su mujer, le abandonó en Octubre, cansada ya de esperar infructuosamente una maternidad largo tiempo anhelada y no conseguida, y al enterarse de su despido en el trabajo, después de 30 años de empleo a tiempo completo, por suspensión de pagos de la empresa.

 

Se dijo que ya todo estaba perdido, y que sólo un golpe de suerte podría torcer el designio de un suicidio meditado después de las 12 uvas del 31.

Con las pocas fuerzas y dinero que le restaban compró un boleto de la ONCE, rellenó una Primitiva, y se agenció, en el bar de enfrente de su casa, un décimo de Navidad.

 

Se despertó pronto porque sabía que su vida dependía de un hilo inestable y poco consistente, y encendió el televisor para esperar la retrasmisión del Sorteo de Navidad.

En el Telediario previo se quedó atónito al oír cómo su número de la ONCE había sido agraciado con el primer premio del sorteo de los martes, y estuvo a punto de caerse del sillón al comprobar que los seis números y el complementario de la Primitiva coincidían exactamente con los suyos.

No se atrevió a calcular cuánto dinero le había correspondido con los dos premios, pero, alucinado, pensó en al menos dos millones de euros.

 

Los niños de S. Ildefonso seguían cantando en la tele su retaila de números y premios con ese sonsonete rítmico e hiriente que nunca había podido soportar del todo.

¿Para qué seguir escuchando? –se dijo- si ya tenía las espaldas bien cubiertas por la Diosa Fortuna...

Se levantó, medio mareado, del sillón para apagar el televisor en el momento en que la voz melódica de los dos “pueris cantoris”se hizo recalcitrante y solemne: cincuenta y cuatro miiiil seiscientooooos, dos millones de eurooooos...

Los niños se acercaron a la mesa directiva, repitiendo salmodiosamente el número y el premio, y el presidente, después de comprobar y apuntar los números, remachó: cincuenta y cuatro mil seiscientos, premiado con dos millones de euros; ha sido vendido en Sort, Madrid, Jaén, Mallorca, Navas y Manresa...

 

Aún tenía su décimo en la mano izquierda, que se había quedado paralizada. Lo miró de reojo, antes de apagar la tele: 54.600, pudo confirmar a pesar de sus ojos borrosos.

Se dejó caer en el sillón de su salita de estar mientras el décimo temblaba en su mano.

No tuvo mucho más tiempo para pensar y recomponer su vida: un infarto masivo y fulminante le dejó paralizado en el asiento, con una mueca estúpida en sus labios.

 

Luis E. Prieto

22-XII-04