TODO BIEN...

 

Se despertó sobresaltado y con un sudor pegajoso y húmedo empapando las sábanas. El sueño había sido desagradable, cargado de premonitorios símbolos. Bajó las escaleras de su dormitorio, y se asomó al jardín de su finca, mientras terminaba de desesperazarse.

Comprobó que las fuentes y los estanques seguían dejando escapar sus murmullos continuos en la amanecida, y que las luces de la pista de tenis no se habían quedado encendidas toda la noche, después del partido de dobles con sus amigos. Se asomó a la piscina para asegurarse que la depuradora seguía mandando sus chorros limpios sobre la superficie cristalina e impoluta del agua. Se acercó al invernadero para revisar los surtidores de vapor continuo que humedecían aspidistras, caléndulas y orquídeas: el vapor y el grado de humedad de las especies florales protegidas seguía siendo el adecuado. Confirmó que las células foto-eléctricas de las luces de los paseos funcionaban correctamente y encendían las luminarias a su paso. Se aseguró de que la inmensa jaula con periquitos, agapornis y papagayos de Sumatra estuviera indemne y con sus comederos y bebederos bien repletos. Saludó a su pastor alemán en su casita inmaculada y confortable. Percibió, con sosiego, que los nenúfares importados de Kyoto comenzaban a desgajar sus pétalos...

Aparentemente todo estaba correcto y en su punto.

Se preparó un oloroso café con leche y dos tostadas con mantequilla y mermelada de frambuesa. Más calmado, se dejó caer en su colchón de agua mientras encendía el televisor para ver las noticias. La caja luminosa le ofreció el habitual resumen de hambres, muertes, guerras y desesperanzas del mundo.

Pensó: “aún me quedan un par de horas antes de ir a la misa del domingo”. Y se durmió plácidamente, aceptando que tan sólo había sido un mal sueño, y que todo estaba en su sitio y como siempre...

 

Luis E. Prieto

13-7-2002