ACTO PRIMERO

El mismo decorado que en el prólogo, con la sola excepción de un pequeño árbol situado hacia el fondo del escenario bajo el cual duerme Marcos. Es de día. Reina un enorme silencio.

Al comienzo y al final de este acto, y entre cada cuadro, una musiquilla alegre, como de un juego de feria, marcará los tempus.

Después de una pausa aparece por el lateral derecho, con gran bullicio, Walt, -delgado y mal vestido- , portando sobre sus espaldas a Nelson, -gordo y orondo-,

vestido con frac, sombrero de copa y puro,  y llevando un fajo de billetes en la mano.

 

Nelson -  (Golpeando en la cabeza de Walt) ¡Arre, arre, más aprisa, Walt!

Walt -     Usted pesa mucho, señor.

Nelson -  (Le da un billete) Vamos, vamos, no rezongues...

                (Walt galopa por todo el escenario mientras Marcos, que se ha

                despertado, contempla absorto desde el fondo de la escena)

                ¿No estarás cansado, eh Walt?

Walt -     Si he de decirle la verdad, señor, un poco sí.

Nelson -  Poco rindes para lo que te pago.

Walt -     Es que estoy poco habituado a este trabajo. Podría, señor, si

                quisiera, declamarle un poema amoroso de esos que tanto le

                gustan.

Nelson -  Bueno, para. (Walt se para y Nelson desciende)

                En fin, a ver ese poema que dices. Toma (le entrega dos billetes)

                pero que no sea cursi, ¿eh?.

Walt -     (Guardándose el dinero en el bolsillo) Lo intentaré, señor.

                (Afectado) Ojos claros y serenos

                                   si de un dulce mirar

                                   sois alabados

                                   ¿por qué si me miráis

                                   miráis airados...?

Nelson -  (Dando un patadón en el suelo) ¡No me gusta!. Es ridículo...

Walt -     Podría decirle entonces un poema de guerra...

Nelson -  Demasiado tristes...

Walt -     ¿Quizá uno histórico?

Nelson -  Un poco viejo, ¿no te parece?. En fin, ¿no tienes otra cosa que

                ofrecerme? (Walt calla) ¡A ver, mi dinero, Walt!.

Walt -     (Sobresaltado) Pero, señor... Puedo hacerle un poema dedicado

                a usted, señor. Se lo diré muy suave cerca de sus oidos. Un poema

                grandioso, de ansias inmensas, de versos que tiemblen en su

                nombre, que se quiebren sensibles ante su vida.

Nelson -  (Halagado. Sacando tres billetes y enseñándoselos a Walt)

                ¿Crees que podrás conseguirlo, Walt?

Walt -     (Más tranquilo) Lo intentaré, señor.

Nelson -  (Se tumba cómodamente) Espero...

Walt -     (Dando vueltas en torno a Nelson, con voz afectada)

                ¡Oh imagen de la vida que bulle

                en este siglo del mundo glorioso,

                oh árbol frondoso del arte

                amigo fiel de todo lo hermoso!.

                ¿Habría canción que pudiera entonar..?

Marcos, que ha permanecido inmóvil hasta este momento contemplando la escena, se aproxima por detrás)

Marcos – Por favor, señores.

Nelson -   (Incómodo) ¿Quién osa interrumpir tu canto, Walt?

Walt -      Un hombre, señor... Parece que quiere hablar con usted.

Nelson -   (Sin moverse) ¿Algún mendigo, Walt? (Saca un billete) Toma,

                 dale esto de mi parte y que se vaya.

Marcos -  (Irritado) ¡Señor Nelson!

Nelson -   ¡Qué pesado!. ¿No se da cuenta que está molestando?.

Marcos se aproxima por detrás a Nelson y asiéndole por el cuello lo levanta

de un golpe.

Marcos -  ¡Arriba, señor potentado!. Así...

Nelson -   Walt, esto es un abuso, un atentado...

Marcos -  ¡Oh, no, nada de eso...! Ha entrado usted en mi sueño sin que

                 yo le llamara y ha entrado manchando, pisoteando... ¿Se compran

                 con poco dinero los hombres, no, señor potentado?. (A Walt)

                 Y sin embargo, pobre Walt, hay quien sigue cantando a la vida en

                 la miseria de una casa de barrio sin ducha y lavabo compartido,

                 en el silencio nocturno de un flexo que daña los ojos, para poder

                 trabajar, monotonámente, sí, aburridamente, cada mañana.

                 (Violento a Nelson) ¡Fuera, señor potentado, fuera de mi sueño

                 de una vez!. ¡Márchese de aquí con su perro y su fajo de valores!

Nelson -   En fin...si eso desea...usted se lo pierde... (A Walt) Vamos, Walt,

                 el caballero parece que no es comprensivo, no entiende la vida...

                 (Walt monta sobre sus lomos a Nelson y desaparece por el lateral

                 galopando)

Marcos -  El caballero no es comprensivo...no entiende la vida... ¡Mierda!

 

Después de una pausa, solo interrumpida por la musiquilla alegre, aparece por el lateral izquierdo Raul, un muchacho vestido de soldado con casco y un fusil en la mano derecha, y a su lado Mc Intre, con gorra de oficial, estrellas y galones que adornan profusamente su uniforme impecable, y una vara de cuero en la mano. Conjuntamente, por el lateral opuesto, aparece Hans, casi un niño, vestido con ropas gastadas de trinchera, con una pala al hombro y un cartel en el cuello en el que puede leerse la palabra ENEMIGO.

Hans comienza a cavar lentamente.

Mc Intre – Soldado, estamos ante un enemigo. Esto es grave. Una acción de

                   guerra...

Raul -        Señor, parece un hombre pacífico y está desarmado. Tansolo cava

                  una fosa...

Mc Intre – (Autoritario) ¡Un enemigo nunca es un hombre pacífico, soldado!.

                   Un enemigo es, sobre todo y ante todo, un enemigo. (Más dulce)

                   Eres joven, soldado, y aun no has sentido en la boca el sabor amargo

                   de la pólvora y el sonar terrible de las balas que cruzan ante los

                   ojos asustados. (Pausa) ¿Y sabes, soldado, de donde nacen las balas,

                   de donde brota esa pólvora que amarga las bocas?.

Raul -        (Pensativo) Del odio, señor; del odio que se agarra a los hombres

                   como una araña que hila una tela muy negra y muy roja.

Mc Intre – (Irónico) ¡Vaya, me ha salido un soldado profundo!. ¿Ahora se

                   enseña también filosofía en la Academia de Guerra?. Pues bien:

                   la filosofía de la guerra es la muerte por la vida. ¡Matar por vivir,

                   soldado!.

Raul -        Pero si es casi un niño... Y cava tan solo...

Mc Intre - ¡Un niño enemigo!. No huele a colonia ni se viste con traje de fiesta

                   sino con ropas de guerra. Y esa pala...¿quién sabe si no estará

                   colocando una bomba..?

Raul -        A él le vistieron de guerra como a otros, en otras partes del mundo, les

                  visten de amor. Le dijeron: vamos, pequeño, ve con los hombres a

                  jugar a la guerra; es un juego bonito con ruidos y luces de colores...

                  Y para jugar a ese juego le han puesto un fusil en las manos y un

                  nombre pomposo: ¡Soldado!. (Pausa) ¿Es este nuestro enemigo, señor?.

Mc Intre – (Furioso) ¡Basta, soldado, esto ya raya con la insubordinación!. Esta

                   tarde ha llegado una orden del Mando Supremo que dice: Misión

                  de limpieza, Mc Intre. ¿Entiendes, soldado?, misión de limpieza...

                  (Sentencia) ¡Una orden es una orden!.

Marcos -   (Que se ha mantenido hasta ahora espectante. Indignado) ¡Una orden

                  es una mentira anónima!. ¡Ya basta!.

Mc Intre - ¿Otro enemigo, soldado?

Raul -       (Volviéndose hacia Marcos) Es un paisano. Parece neutral, señor...

Marcos -   (A Mc Intre) Enemigo de muertes cobardes. ¡Fuera, no admito en mi

                  sueño la filosofía del Mando Supremo!

Mc Intre – (Tranquilo a Marcos) He de cumplir mi misión, en cualquier caso...

                   (A Raul) Soldado: ¡fuego!.

Raul -        Pero señor...

Mc Intre – (Amenazante) Hay una orden, y un Mando, y pólvora,y balas que

                  silban la canción de la muerte... ¡He dicho fuego, soldado!.

Raul apunta y dispara. Hans cae fulminado con la pala sobre el pecho. Marcos se acerca a él y después de comprobar que está muerto, se levanta apesadumbrado.

Marcos -   Ya está, señor comandante, señor cumplidor de órdenes ciegas.

                   Esa bala ha truncado el juego de un niño. Ahora quizá una buena

                   medalla... ¡Fuera de mi sueño, cobardes!.

Mc Intre – (Que permanece impasible) Señor...he de llevarme el cuerpo del

                   muerto para sepultarlo como dictan las leyes internacionales.

Marcos -    ¡Fariseos!. Primero la bala y luego la tumba: misión completa...

                   Lleváoslo. (Va hacia Mc Intre y le coge violentamente de las solapas)

                   ¡Y, señor comandante, no oséis ponedle una cruz en su lecho de

                   tierra!. Si lo hacéis os juro que os mato. ¡Fuera, bandidos de guerra!.

Desaparece por un lateral la comisión fúnebre.

Marcos -   (Paseando nervioso) Como dictan las leyes internacionales... Una

                  orden es una orden... La disciplina, el enemigo... (Va hacia el lateral

                  por donde han salido, y grita violento) ¡Cobardes..!

 

Marcos queda momentáneamente solo en escena, apesadumbrado, absorto, sentado sobre uno de los escalones del escenario debajo del árbol.

Después de unos segundos, se oye la musiquilla de feria y aparecen, por el lateral derecho, un grupo de personas, hombres y mujeres, hablando animadamente. Cada uno trae una silla plegable, y al llegar hacia la mitad del escenario se sienten en ellas formando un corro.

Hombre 1º -  Como os decía: le han dado una gratificación especial este mes...

Mujer 1ª -     ¿De quién habla...?. ¿Será posible...?.

Hombre 2º -  ¿Y le han dado mucho?.

Mujer 2ª -     ¿Mucho de qué...?. ¡De lo que se entera una!.

Hombre 1º -  A mí me habían dicho que se entendía con la mujer de su jefe...

Mujer 1ª -     ¿Es posible?.

Mujer 2ª -     ¡Qué cosas, qué cosas...!

Mientras sigue la charla en murmullo de voces, entra por el lateral izquierdo “el predicador”, con una gran Biblia en una mano y arrastrando con la otra una pequeña tarima de madera. Al llegar al escenario observa uno momentos el lugar y se sube a la tarima.

Predicador – (Con la voz muy alta) ¡Hermanos, os traigo la paz!. ¡La paz y el

                       amor, hermanos! (El grupo sigue hablando y riendo sin prestarle

                       atención. Marcos se acerca a él) El mundo se rompe, se quiebra

                       como una rama sin savia, herido por el odio y el desamor. Mis

                       palabras son una llamada a la esperanza, un canto de vida para

                       todos. ¡Escuchadme: os traigo la paz y el amor!.

Marcos -        (Acercándose al grupo) ¡Señores, hay un hombre que habla...!

                       Os pide vuestra atención y creo que la merece...

Hombre 1º -  ¿Y qué dice?.

Predicador – (Levantando la voz) ¡Os traigo la paz y el amor!.

Mujer 1ª -      Algún charlatán...

Hombre 2º -   Un loco sin duda...

Predicador – (Más alto) ¡La paz y el amor para todos los hombres!.

Marcos -        Por favor, señores... Un hombre está hablando y pìde vuestra

                       atención por unos momentos.

Mujer 2ª -     (Burlona) ¿Y si nos acercásemos?. A lo mejor dice algo curioso...

Mujer 1ª -     (Jocosa) Quién sabe, parece que se lo toma muy en serio...

Se dirigen todos hacia el predicador y le rodean alegres.

Predicador – Hermanos: os traigo una enseñanza olvidada...

Hombre 1º -  ¡Bravo, así se habla!. (Todos palmotean y ríen)

Predicador – (Impasible) Unas palabras que huyeron por el miedo y la envidia

                       de todas las bocas...

Mujer 1ª -      (Burlona) ¡Jesus, qué tragedia!. (Todos ríen)

Predicador - ¡Os traigo la paz y el amor!.

Hombre 2º -  Eso se llama ser original, sí señor... (Risas)

Hombre 1º -  A lo mejor está ensayando para ocupar un puesto en el

                       Parlamento...

Mujer 2ª -     ¿No será un político?.

Hombre 1º -  Yo creo que está loco.

Predicador – (Más fuerte) ¡La paz y el amor para todas las gentes del mundo!

Mujer 1ª -      Se está poniendo ya un poco pesado...

Mujer 2ª -      Pudiera ser un loco escapado de algún manicomio que andasen

                       buscando.

Hombre 2º -  Hay que dar parte a la Autoridad inmediatamente. (Sale por un

                       lateral)

Predicador – Sin distinción de razas ni de clases sociales, sin marcas, sin manos

                       que acusen y juzguen en todas las calles, en todos los rincones...

                       (Entra el Hombre 2º con la Autoridad)

Hombre 2º -  (A la Autoridad, señalando al Predicador) Es ese. Trata de soliviantar

                       a las masas...

Hombre 1º -  Un loco...

Mujer 1ª -     Un político subversivo...

Autoridad -   (Dirigiéndose hacia el Predicador) Vamos, vamos, desalojen,

                       retírense. Dejen paso a la justicia...(Sin mediar palabra alguna sube

                       a la tarima y esposa al Predicador) Acompáñeme, están prohibidas

                       las manifestaciones públicas.

Marcos -        (A la Autoridad) ¿Qué pretende hacer?. (A las gentes) Es un

                       hombre inocente...

Autoridad -   (Seco) Ha infringido la ley: están prohibidas todas las

                       manifestaciones, charlas o discursos públicos que no tengan un

                       permiso expreso. (Al Predicador) ¿Acaso posee el permiso?.

Marcos -        Pero hablaba de amor...

Autoridad -   (Inflexible) Todas las manifestaciones públicas... ¡La ley es la

                       ley, señor mío!.

Marcos -        Sí, ya sé, la ley es la ley; una orden es una orden... (A la Autoridad)

                       ¿Y no hay nada que se pueda hacer por este hombre inocente?

                       ¿Qué dice la ley al respecto?.

Autoridad -   (Bajando la voz) Si acaso fuera solvente... Quizá la libertad

                       provisional... Bajo fianza, naturalmente...

Marcos -        (Saca del bolsillo un fajo de billetes que encierra en la mano de la

                       Autoridad) ¡Naturalmente! (Entregando dos billetes más a la

                       Autoridad) Y esto por los misterios de la ley, señor agente.

Autoridad -   ¡Oh, muchas gracias, muchísimas gracias!.

El grupo de personas, después de recoger las sillas, salen junto a la Autoridad, quedando Marcos y el Predicador en escena.

Predicador – Le estoy profundamente agradecido, buen hombre. Permítame

                       que me presente: Sebastián Ruiz Delgado, fundador de la Social

                       Derecha Independiente (SDI)

Marcos -        ¿La Social Derecha Independiente?.

Predicador -  Un nuevo partido político.

Marcos -        (Confuso) Y entonces, ¿esa Biblia, esa paz y ese amor de que

                        hablaba...?

Predicador -  Un viejo truco. Estoy reclutando almas para mi nuevo partido.

                       Es imprescindible disfrazar el semblante y las palabras.

                       (Confidente, en voz baja) Está todo muy vigilado.

Marcos -        (Apesadumbrado) Ah, comprendo, comprendo... (Agarra

                       violentamente al Predicador) ¡Pescador de infelices, vendedor de

                       mentiras, charlatán de partidos...!

Predicador – (Asustado) Pero, buen hombre... No comprendo...

Marcos -       ¡Fuera de mi sueño, fariseo, fuera!.

Predicador – En fin, si usted se pone así, buen hombre...

Sale el Predicador por el lateral con la Biblia y la tarima. Queda Marcos solo en escena. La luz va decreciendo poco a poco.

Marcos -       ¡Buen hombre, buen hombre!. (Se dirige hacia el fondo del

                      escenario y se tumba debajo del árbol) ¡Aquí fariseos... allí

                      cobardes...!.

Va cerrando los ojos hasta quedarse dormido. La luz ha cesado y la escena permanece casi a oscuras. Mientras cae el telón, se escucha la musiquilla alegre que cierra el primer acto.