ACTO SEGUNDO

Rincón de un cementerio al caer la tarde. Un decorado con distintas tumbas ocupa la parte posterior del escenario. En primer plano un camino transversal que termina hacia la izquierda en una pequeña capilla. En la pared del fondo un decorado de cruces proyecta la imagen.

Al comenzar el acto, Marcos está tumbado en el suelo con la cabeza apoyada en una de las tumbas. Un canto espiritual (In the upper room de Mahalia Jackson) se deja oir suavemente. Con las últimas notas de la canción aparece por el lateral derecho Jovar el sepulturero, con paso cansado y llevando sobre el hombro un azadón.

 

Jovar -   (Sorprendido ante Marcos. Se dirige hacia él tocándole en el hombro)

               ¡Eh, muchacho, despierta!.

Marcos – (Despertando sobresaltado) ¡Qué...!. ¿Dónde estoy?. ¿Quién es

                usted...?

Jovar -    (Sonriente) Creo que esto es un cementerio, y en cuanto a mí,

                todos me llaman Jovar el sepulturero.

Marcos – (Frotándose los ojos e incorporándose) ¿Un cementerio...?

                 (Mira sorprendido a su alrededor) ¿Me ha dicho Jovar?. Es un

                 nombre extraño...

Jovar -     (Soñador) En otros tiempos me llamaron de distinto modo,

                 pero hoy todos me conocen por Jovar el sepulturero. (Silencio.

                 Marcos se ha sentado, cansado, sobre una tumba) ¿Y qué hacías

                aquí durmiendo, muchacho?.

Marcos – No sé... Trato de recordar... Parece como si tuviera llena de

                 plomo la cabeza...

Jovar -     (Sonriente) Ya, ya comprendo...

Marcos - ¿Comprende?.

Jovar -     Sí, es fácil, muchacho... A veces, alguna noche contemplando el

                 cielo, he visto caer una estrella hecha un ascua de luz, y, aunque

                 no sabía cual era la causa, por qué de pronto una estrella caía

                 desde el cielo, he comprendido... Por otro lado mi trabajo no

                 exige demasiadas preguntas. Dicen que del otro lado están las

                 respuesta...

Marcos – (Duro) Al otro lado están el silencio y el olvido.

Jovar -     (Dulce) Y el amor.

Silencio. Jovar se ha puesto a arreglar con su azadón las flores de algunas tumbas y Marcos se ha tumbado mirando al cielo sobre una de las losas.

Marcos – (Para él solo) Camina más seguro quien camina mirando a

                 las estrellas... (Levantando la voz) ¡Mentiras, mentiras!.

Jovar -    ¿Decías algo, muchacho?.

Marcos – No, nada. (Un silencio) ¿Conoces los Evangelios, Jovar?.

Jovar -    (Acercándose) Sí, creo que sí.

Marcos - ¿Recuerdas esto? (Irónico) “No os angustiéis por vuestra vida,

                qué comeréis o qué beberéis; ni por vuestro cuerpo, con qué lo

                vestiréis. ¿No es más la vida que el alimento, y el cuerpo que el

                vestido?. Mirad las aves del cielo: no siembran ni siegan ni

                recogen en graneros, y vuestro Padre Celestial las alimenta.

               ¿No valéis vosotros mucho más que ellas...?”.

Jovar -   San Mateo, ¿no?. Es hermoso...

Marcos – (Agrio) Pero falso, Jovar, falso. (Pausa) Díme, Jovar, ¿tu eres

                sepulturero, no?. (Jovar afirma con la cabeza) ¿Y tu habrás

                enterrado a muchos?. (Afirmación) ¿Cómo son, díme, cómo

                son dentro de la fosa...? ¿Son todos iguales...?

Jovar -    (Pensativo) Sí, creo que sí: se vuelven fríos como si un invierno

                helado hubiera acampado dentro de ellos.

Marcos – No, yo me refería a otra cosa. ¿Cuándo la tierra cae sobre ellos,

                Jovar, reconoces al mendigo o al poeta, adivinas quizá al

                banquero o al simple oficinista?.

Jovar -    (Muy suave) Algunos tienen en su rostro un gesto de brisa dulce,

                y yo pienso: un soñador sin duda... Otros tienen las manos duras

                como raíces secas y la piel de un ligero tinte amarillo... Los hay

                -he visto algunos- derechos y rígidos como árboles de carne

                muerta... Rigidez cadavérica, dicen.

Marcos – Como árboles de carne muerta. De carne muerta... (Súbito)

                 Jovar, ¿quién eres?.

Jovar -    Ya te lo dije, muchacho: Jovar, el sepulturero. Mi oficio es este

                y no me quejo. Soy el último puente del último río y estoy

                contento... (En este momento se oye a lo lejos el sonido metálico

                y monótono de una campanilla que se va acercando. Marcos y Jovar

                quedan en suspenso. A Marcos) Me buscan, muchacho...

Entra por el lateral derecho una comitiva precedida por el Predicador que va tocando la campanilla. Detrás, llevando una camilla donde va tendido Hans, el enemigo, caminan Mc Intre y Raul. Finalmente Nelson y Walt cierran el cortejo.

Jovar se incorpora a ellos en último lugar, con el azadón al hombro, mientras Marcos, perplejo, observa la escena. Se dirigen por el camino transversal hacia la capilla con paso lento y gesto grave. Visten las mismas ropas que en el primer acto. Al llegar a la capilla dejan a Hans en el suelo, mientras el Predicador, solemne, sube los escalones y se vuelve para dirigir unas palabras. Jovar, entre tanto, se ha sentado en una losa próxima con la cabeza apoyada en la azada.

Predicador – (Con voz forzosamente triste) La muerte es el destino,

                       hermanos, el último viaje de un tren cargado de ilusiones.

                       Detrás, al otro lado de la muerte, hay una niebla densa, un

                       enorme signo de interrogación que espera, con la luz apagada,

                       a nuestro amigo. (Pausa) No creo sinceramente, hermanos, que

                       mis humildes palabras puedan despejar esa niebla, ese

                       laberinto inmenso, que se abre ante nuestro compañero. Es

                       a la tierra ahora a quien corresponde la última promesa,

                       hermanos.

Al terminar de hablar el Predicador se ha cogido las manos como frotándoselas, y entonces suena un enorme clarinazo, muy seco, que torna inmóviles, como en un cliché fotográfico, a todo el grupo. Solo Marcos y Jovar contemplan –el uno aturdido, misterioso el otro- la escena. Al mismo tiempo, sobre la pared del fondo, entre cruces, se proyecta una diapositiva que representa a Pilatos el día de la entrega de Jesus.

Marcos -       (Después de unos instantes de sorpresa, a Jovar que sigue

                       tranquilo) ¡Son los mismos, Jovar!.

Al decir esto el grupo vuelve al movimiento suspendido por uno minutos, a la par que desaparece la diapositiva.

Mc Intre -     Muchas gracias, amigo, han sido una palabras muy emotivas,

                      realmente profundas...

Predicador - ¡Oh, por favor, no tenía por menos...!

Nelson -        (A Walt) El pobre, así, tan solo, tan desamparado... ¿No crees,

                      Walt, que un poema sería hermoso en estos momentos?. ¿Qué

                      dices, Walt?.

Walt -           Pero, señor, no creo que sea el sitio adecuado... Por otro lado

                      esto no estaba previsto en el contrato...

Nelson -       (Sacando una bolsa de dinero) Por eso no te preocupes, Walt.

                     Sería un trabajo extra a doble precio. Por lo demás no creo

                     que una sentida elegía a la memoria de este amigo estaría

                     mal vista...

Walt -          En fin... Si no hay más remedio... Aunque he de decirle, señor,

                    que nunca han sido mi fuerte las elegías.

Nelson -       No te preocupes, Walt, nos hacemos cargo. (Le entrega la bolsa)

                     Anda, toma, te escuchamos...

En este momento, cuando Walt toma la bolsa, se oye de nuevo el seco toque de clarín y todo el grupo, excepto Marcos y Jovar, quedan inmóviles. En la pared del fondo se proyecta ahora una diapositiva representando la compra de Judas para entregar a Cristo.

Marcos -     (Excitado, a Jovar que permanece impasible) ¡Han vuelto, Jovar,

                     son los mismos!.

Estas palabras rompen la inmovilidad del grupo que vuelve a la normalidad mientras desaparece la diapositiva proyectada.

Walt -          (Altisonante y sofisticado)

                     Amigo:

                     la muerte te ha encontrado

                       en su vereda de lágrimas

                       con la flor tierna, como un niño

                       que caminaba jugando

                       con un sinfín de palabras

                       en la punta de la lengua.

                       Y todo se ha vuelto frío

                        como un viento de otoño,

                        y el silencio de la tierra

                        se ha pegado a tus pupilas

                        como un canto doloroso

                        de esperanzas eternas.

                        Amigo:

                        al otro lado del mundo,

                        entre la niebla gris de la nada,

                        recuerda este canto sencillo

                        y estas lágrimas blancas.

Nelson -          (Satisfecho) Muy bien, sí señor, muy logrado.

Mc Intre -      Enhorabuena, Walt.

Predicador -  (Estrechándole la mano) Buen poema, amigo, le felicito.

Raul -             (Frío) Gracias, Walt.

Walt -             (Aparentando indiferencia) ¡Oh, por favor, no tiene

                        importancia, no tiene ninguna importancia..!. En fin,

                        gracias de cualquier modo, celebro que les gustase...

Jovar -           (Que ha permanecido ajeno durante la última parte de la

                       escena, se levanta y se dirige al grupo) ¿Ha llegado el momento?.

                       (Todos se miran sorprendidos)

Predicador -  (Reaccionando) Por mi parte creo, señores, que ya ha llegado

                       el momento...

Nelson -         Sin duda ha recibido todos los honores...

Mc Intre -     (Interrumpiendo) Sin embargo se han de cumplir las ordenanzas.

                       (Sorpresa. A Raul) Soldado, ¿qué dicen las órdenes?.

Raul -            (Automático y frío) Artículo 41 de las Ordenanzas Militares para

                       casos de emergencia: Todo soldado, sin distinción de rango,

                       origen o nacionalidad, muerto en acto de servicio, habrá de ser

                       enterrado conforme dictan las leyes militares... (Pausa para tomar

                       aliento) Leyes Militares previstas para emergencias en

                       funerales; punto tercero: Antes de proceder al definitivo entierro

                       de un soldado, se prestará una vela de armas ante su último

                       lecho por una compañía en traje de gala, o en su defecto, se hará

                       una vela simbólica a cargo de los militares que estén presentes.

Mac Intre -   Gracias, soldado. (Al resto) ¿Comprenden..?. Son las órdenes...

Predicador – En ese caso...

Nelson -         Si está establecido...

Walt -            Nuestra misión ha concluido, señor...

Dan la mano sucesivamente a Mc Intre y comienzan a retirarse hacia el fondo entre las tumbas. Mc Intre y Raul se han colocado a los lados del cadáver en posición marcial, solemnes y rígidos. En este momento se oye por tercera vez el enorme clarinazo y el grupo torna de nuevo inmóvil mientras en la pared del fondo aparece una diapositiva que representa a Cristo crucificado en el Gólgota y a sus pies dos soldados romanos que montan guardia.

Marcos -       (A Jovar que se ha vuelto hacia la fotografía proyectada) ¡Míralos,

                       Jovar, no han cambiado, son los mismos!. ¡Jovar, Jovar, ¿no

                       entiendes...?

Al terminar Marcos, el grupo vuelve al movimiento interrumpido a la par que desaparece la diapositiva proyectada. Nelson, el Predicador y Walt, salen por el fondo, mientras que Mc Intre y Raul continuan marciales a los lados del cadáver. Jovar, a paso lento, como cansado, con el azadón sobre el hombro, se dirige a ellos.

Jovar -          En fin, señores, creo que ha llegado la hora. Se ha hecho ya un

                      poco tarde...

Mc Intre -    Sí, creo que es el momento. (Señalando a Raul la camilla) ¡Soldado!

                      (La cogen entre ambos. A Jovar) Estamos dispuestos.

Jovar -          Síganme, por favor...

Siguen a Jovar desapareciendo por un lateral del fondo. Queda en escena Marcos, solo.

Marcos -       ¡Qué silencio, qué extraño silencio...! Todo parece tan frío, tan

                       muerto... Y es todo tan confuso. (Pensativo) Recuerdo que era

                       de noche y el suelo estaba mojado por una lluvia lenta... Era

                       una calle muy larga, muy larga, y mis pasos sonaban como una

                       música triste en la noche... (Ha ido oscureciendo y solo un rayo

                       de luz amarilla ilumina a Marcos que se va acercando, poco a poco,

                       hacia los espectadores) Estaba cansado y no sabía con certeza hacia

                       dónde me dirigía... pero sé que llevaba andando muchas horas,

                       sin parar nunca, sin detenerme ante ninguno de los letreros

                       luminosos de la noche que me llamaban con sus potentes luces...

                       (Pausa. Silencio. Marcos se pasea confuso sobre el borde anterior

                       del escenario. De pronto se para, como cayendo en la cuenta de dónde

                       está, y se dirige al público) ¡Oh, ustedes perdonen, les estoy

                       confundiendo...! Me pesan los ojos y no acierto a decir lo que

                       pienso. ¡Es todo tan extraño!. (Volviendo a él) Sí, sí, recuerdo

                       que un día desperté de un sueño profundo. Había a mi lado unos

                       hombres que me observaban con ira. Fue después cuando aquellos

                       hombres con ojos de fuego me colgaron un enorme cartel sobre

                       él, a grandes rasgos, escribieron la palabra HOMBRE. Luego me

                       vistieron y me dejaron solo... (Al público) ¿Comprenden?. Yo no

                       sabía qué hacer, pero había una calle y era de noche y no podía

                       permanecer inmóvil... (Volviendo a él) Después tuve miedo, mucho

                       miedo... Era de noche y la calle estaba en silencio, pero de trecho

                      en trecho, unas voces me llamaban desde las casas... (Al público)

                      Yo estaba cansado y solo deseaba caminar en silencio... (Violento)

                      ¡Y sentí asco, y el odio me subió hasta el alma como una marea

                      de sangre negra!. (Agitado in crescendo) Tuve que huir, correr,

                      correr como un loco, con las manos tapándome fuertemente los

                      oidos, con la vista ciega por aquella calle mojada en la noche, con

                      el corazón temblando...

Marcos, profundamente agitado al borde del escenario, se queda estático con las manos en los oidos. Después de una pequeña pausa se ilumina de nuevo el escenario y se puede ver a Jovar, parado al fondo con el azadón al hombro, observando a Marcos.

Jovar -          (Desde el fondo) ¡Muchacho!, ¿qué haces?.

Marcos -       (Se vuelve lentamente) No, no es nada, Jovar... Trataba de

                      recordar...pero me pesan los ojos y la cabeza se me nubla...

Jovar -          (Se acerca a Marcos y lo acaricia) Vámos, muchacho, estás sudando.

                      Anda, cógete a mí... (Se coge) Así, así, vamos...

Comienzan a andar de espaldas a los espectadores.

Marcos -       (Interrumpiendo la marcha) Jovar, ¿qué ha pasado aquí hace unos

                       instantes?. ¿Dónde has estado?.

Jovar -          (Sonriente) Tu lo has visto: he tenido que enterrar a un pobre

                      difunto. No sé por qué me lo preguntas...

Marcos -       No, Jovar, aquí han pasado cosas extrañas. Yo he visto...

Jovar -          (Interrumpiéndole cariñoso) Vamos, vamos, muchacho. Estás

                      cansado. Ahora no es el momento. Has de descansar primero...

Marchan los dos hacia el fondo dando  la espalda a los espectadores mientras se va oscureciendo la escena. Comienza a escucharse la misma canción que al comienzo del acto –In the upper room- suavemente. Antes de desaparecer, y con el escenario ya en penumbras, se oye la voz de Marcos.

Marcos -       ¿Me lo contarás, Jovar, me lo contarás...?

Jovar -          Sí, Marcos, lo sabrás todo, lo sabrás...

Se hace la oscuridad completa. La canción aumenta de tono y cae el telón.