El decorado es extremadamente simple. Solamente se diferenciará del primer acto en que en el lateral izquierdo estará situada una casa de un solo piso, casi un chalé de campo, con un pequeño jardín protegido de una valla en la parte anterior. El resto, como en el primer acto, sin más elemento decorativo que un árbol situado en la parte posterior del escenario. Una pared blanca hasta el techo cierra hacia el fondo el decorado.
Por la tarde. Al levantarse el telón, Marcos y Jovar,
sentados al pié del árbol, charlan.
Marcos - (Respirando
con fuerza) Esto es otra cosa, Jovar. Aquí
se respira
inmensidad, el aire llega a los pulmones transparente, sin mancha...
Aquellas tumbas me trastornaban. Era como si aquel silencio, aquella soledad fría,
se me subiera hasta el cerebro y no me dejara pensar. Ahora es todo distinto...
Jovar - Y
sin embargo aquel aire helado es hermano de esta brisa suave, y aquel silencio
de muerte es compañero de este silencio cálido... En fin, todo es
acostumbrarse. (Pausa.
Jovar se levanta) Hubo un tiempo, cuando
era joven, ¿sabes?, que fui pescador en un barco muy grande. La mar era hermosa
y, cuando la tormenta enseñaba sus garras de espuma, el viento y el salitre del
agua se pegaban a los ojos con un aire de hielo. Había que aguantar, con el
rostro encogido, los embates del viento y del agua. A veces, en un golpe de mar,
se oía un lamento, un crujir de maderas y de voces a tus espaldas, pero no se
podía mirar: había que mantener la vista siempre adelante, con los ojos
clavados en un punto del horizonte, sin escuchar el sonar de las voces en el
viento...
Marcos - ¿Por
qué me dices esto, Jovar?. No logro entenderte...
Jovar - No,
pero si no es nada, muchacho. Solo que a veces me vuelvo nostálgico y me dejo
llevar sin quererlo... (Pausa)
Aunque te diré que hay historias que
aclaran los ojos y sirven de dulce sedante para el alma...
Marcos - Sí, Jovar,
hay leyendas bonitas, pero...no me sirven. Es necesario abrir bien los ojos y
clavar las uñas al mundo para comprobar nuestra impotencia.
En este momento aparece por el lateral derecho, ceremonioso, Nelson. Al llegar a la altura de Marcos y Jovar saluda cortésmente quitándose el sombrero y luego continua hacia la casa. Llama dos veces y después de unos segundos se abre la puerta y entra.
Jovar - (Calmándole)
Vamos, muchacho, tranquilízate, ten
calma...
Marcos - (Abatido)
Los conozco, Jovar, son los mismos de
siempre que han vuelto de nuevo.
Jovar - (Cariñoso)
A ver: cuéntame lo que tienes...
Marcos - (Lentamente)
Estoy cansado, Jovar, muy cansado... Es
como una serpiente amarilla que repta por mi sangre moviéndose lentamente. La
duda es una serpiente amarilla que muerde en el alma... (Pausa) Estoy
tan confuso, Jovar, tan confundido... (Pausa) Oí
algo, no sé si era un sueño... Caía la tarde y había una brisa caliente... (Se
calla)
Jovar - (Inquieto)
¿Qué oíste, qué fue lo que oíste,
muchacho?
Marcos - (Hablando
siempre con fatiga) Una brisa caliente se
enredaba en los árboles y movía las ramas inquietas... Era como un lamento
lejano, como una pena callada a grupas del viento... (Pausa. Más decidido) Jovar,
no sé si fue un sueño, si la brisa caliente se me vino hasta el alma... pero
escuché unas voces terribles que cantaban una canción de silencios... (Se
calla de nuevo)
Jovar - ¡Sigue, sigue!
Marcos - Era una
copla escondida, disfrazada entre tierras y ramas, que hablaba de marchas, de
largas huidas, de perros dorados... Como árboles de carne muerta, ¿sabes?... (Reaccionando)
Quizá fuera un sueño tan solo. Sí, sí,
un sueño pesado y rastrero como esa serpiente amarilla que sorbe la sangre.
Jovar - ¡Es
tan difícil situar la frontera...! Se está tan cerca de la raya que a veces no
sabes con certeza de qué lado te encuentras...
En
este momento, entre bromas y risas, aparecen por el lateral derecho Walt,
la
mujer 1ª y la mujer2ª.
Walt -
Ustedes me halagan, por favor... (Jocoso)
Un momento, silencio un momento: se me
acaba de ocurrir una nueva historia. (Las mujeres escuchan con atención
conteniendo la risa) Esto era una vez un
hombre sin fortuna que falleció. Y claro, como a todos los muertos, lo llevaron
a enterrar al cementerio. Pero una mano bondadosa quiso escribir sobre su tumba
un epitafio, y puso: (Muy serio)
“aquí yace un hombre que no tenía una peseta”. (Breves risas) Y
dice la leyenda, que a la mañana siguiente, cuando la pobre viuda se acercó
hasta la tumba, una mano misteriosa había completado el epitafio que ahora
rezaba así:
“Aquí yace un hombre
que no tenía una peseta...
no sigas: era un poeta.”
(Todos ríen
estruendosamente)
Mujer 2ª - (Prosiguiendo la marcha hacia la izquierda) ¡Pero que gracioso es el muchacho!.
Mujer 1ª - Y parecía mentira: tan serio, tan
poeta...
Walt -
(Confidente
y chistoso) Es que la poesía, señoras,
es una mentira jocosa. (Ríen de nuevo. Han llegado a la altura de Marcos y
Jovar y se han percatado de ellos) A la
paz de Dios, señores. ¿Qué, tomando el fresco? (No contestan) En fin, buenas tardes y que sigan tan locuaces.
unos
segundos se abre la puerta y entran.
Marcos - (Más
tranquilo) Estos vinieron más tarde,
después de aquel sueño terrible... Jovar, ¿no lo entiendes?. Son como perros
sarnosos que ladran y ladran llevando su rabia rastrera por todas las calles del
mundo. (Pausa) ¡Siento un asco
pegajoso por la vida!
Jovar - Es
necesario encoger fuerte el rostro y mirar siempre adelante, con la vista
clavada en el horizonte, como cuando la tormenta afilaba sus garras de espumas
en el agua.
Marcos - Todo lo
manchan, todo lo ensucian... (Pausa) Una vez cogí una balanza
y puse a un lado a todos los perros del mundo, y en el otro las flores
sencillas, los globos de amor. Y, ¿sabes cual fue el resultado, hacia dónde se
inclinó la balanza?
Jovar - Sin
duda hiciste mal la pesada, muchacho. ¿Te acordaste acaso del peso supremo, del
más importante?
Marcos - ¿Del más
importante...? No sé de qué peso me hablas, Jovar.
hablando
animadamente.
Predicador – Y sin embargo, no me negarán, señores, que hay que hacer algo. No podemos permanecer impasibles...
Hombre 1º - No sé hasta qué punto...
Hombre 2º - Comprenda: está todo muy vigilado. Y están la mujer y los
niños...
Hombre 1º - El trabajo, en fin...
Predicador - ¡Oh, claro, les comprendo perfectamente! (Confidente)
Pero es necesario hacer bien las cosas,
sin apenas peligro... Mírenme a mí: ¿lo notaría alguien? Un predicador
chiflado que va hablando por las calles de la paz y el amor entre los hombres. (Ríe)
Primero el anzuelo y luego... Entre los
curiosos hay muchos que comprenden...
Hombre 1º - Alguien puede irse de la lengua, sin
embargo.
Hombre 2º - Y entonces nadie nos salvaría. Comprenda: la mujer... los
niños... el trabajo...
Predicador – Ningún problema, se lo aseguro. Ellos buscan al pez
gordo, y en cualquier caso yo siempre daría la cara por ustedes. ¡Hay tanta
injusticia!
expresión.
Agente - (Al
grupo) Buenas tardes. ¿Algún problema?
Predicador - ¡Oh, no, ninguno, ninguno! Charlábamos...
Hombre 1º - ...de fútbol, señor comisario.
Agente - (Rectificando)
Agente.
Hombre 2º - De cosas sin importancia, señor agente.
Predicador – (Sacando un puro de la chaqueta) ¿Un
purito, señor comisario? Son de los buenos.
Agente - (Rectificando
de nuevo) ¡Agente, señor agente! (Tomando
el puro) Si usted me lo ofrece... (Se
pone el puro en la boca y los dos hombres y el predicador sacan sus mecheros
para darle lumbre conjuntamente) Bueno,
les dejo, he de atender un servicio. (El Agente se dirige hacia la casa. Al
llegar dá una patada, abre la puerta, y entra)
Predicados – (Imitando burlón al Agente) Agente...
señor Agente... (Despectivo) ¡Necio!
Hombre 1º - (Continuando hacia la izquierda) A
poco nos coge infraganti...
Hombre 2º - Con las manos en la masa...
Han
llegado a la altura de Marcos y Jovar y se han dado cuenta de su presencia.
Hombre 1º - (A Marcos y Jovar) Buenas tardes.
Hombre 2º - ¿Descansando?.
Predicador – (Sacando dos nuevos puros de la chaqueta) ¿Un purito, señores?. (No contestan) Son de buena marca... En fin, ustedes se lo pierden... (Marcos se dirige amenazante hacia el
Predicador) Bueno, bueno, no hay por qué
molestarse... Nosotros ya nos íbamos.
Continuan
hasta la casa. Llaman dos veces a la puerta y después de unos
segundos
esta se abre y entran los tres.
Marcos - ¡Me dan
asco, Jovar, asco y miedo!. Son como perros, como una jauría inmensa de lobos
que acechan detrás de cada esquina, a cada vuelta del camino. (Para
él) Ahora comprendo aquella canción de
silencios... (A Jovar, señalándole el árbol debajo del cual están
sentados) Mira, Jovar: aquí hay un árbol,
ha nacido de una semilla diminuta igual que un niño y ha ido creciendo en esta
tierra pequeña, sin cambios. Y un día, cuando la savia se hiele en sus entrañas
y ya no pueda caminar hacia arriba, morirá siendo árbol, secas las hojas y la
madera agotada. Sin cambios, Jovar, sin cambios...
Jovar - (Lentamente)
Hay lugares donde los perros rabiosos están
prisioneros en jaulas con hierros y verjas... Hay otros sueltos, lo sé, hay
otros que llevan sus odios por las calles, ya lo sé, muchacho... (con
dureza) pero siempre hay, no lejos, algún
cuchillo afilado que clavar en sus gargantas, algún lazo que amarrar a sus
garras.
Marcos - Tengo miedo
y estoy solo, Jovar. Y a veces, alguna vez que he intentado presentarme cara a
cara a la lucha, me ha faltado ese arma de la que me hablas, ese cuchillo
afilado que poder hundir en sus gargantas.
Jovar - ¿Lo
has buscado bien, díme, lo has buscado?.
Marcos - Con la boca
apretada y el corazón anhelante...
Jovar - ¿Con
el alma humilde y la mirada sencilla?.
Marcos - Con los ojos
calientes y las manos violentas...
Jovar - ¿Con
las manos piadosas y los ojos cerrados?.
Marcos - (Estallando)
¡No, Jovar, no!. ¿Hacia a dónde, hacia
a dónde?. (Pausa. Más suave) Estaba
solo y no me quedaban más que la ira y el odio para defenderme.
Jovar - (Sencillo) Más
el amor hace mover las montañas...
desfilando
marcialmente al ritmo que dicta Mc Intre. Al llegar a la altura de
Marcos
y Jovar se detienen.
Mc Intre - ¡Altoo! (A Marcos y Jovar) ¿Alguna
novedad?. ¿Algún parte...? (No contestan) No hay nada, comprendo... (A Raul) En marcha, soldado: un, dos, un, dos, un, dos...
Continuan
la marcha marcial hasta llegar a la casa. Al llegar la puerta se abre y,
desfilando,
se introducen en ella.
Marcos - Han ensuciado el amor con el barro... Ya lo ves: ninguna novedad, ningún parte de guerra... nada. No, no pasa nada importante, Jovar, no pasa nada que merezca la pena.
Jovar - (Levantándose)
Hay cobardes de muchas especies,
muchacho. Algunos se esconden detrás de una risa forzada y ridícula. Hay otros
que tiemblan y para silenciar su miedo esconden la voz al otro lado de una orden
segura y anónima. Y otros, los que tienen pánico de mirar hacia el cielo con
los ojos abiertos, los que no pueden, porque tienen sucios de plomo los ojos,
mirar a las estrellas, se refugian en unas monedas que brillan y hacen brotar la
lascivia a su paso.
Marcos - Sí, yo les
conozco, Jovar.
Jovar - (Duro)
Pero hay otros, con el alma pequeña y el aliento rastrero, que se
esconden en un campo de tierra disfrazando su miedo de ramas y hojas.
Marcos - Tu no los
conoces, Jovar. Se han ido agotando, poco a poco, como una lamparilla sin
aceite...
Jovar - ¡Hay
que apretar las mandíbulas y mirar siempre adelante!
Marcos - Tuvieron
miedo y les faltaron las fuerzas...
Jovar -
¿Acaso es necesario el valor para ser un cobarde?
Marcos - No
quisieron convertirse en lobos lacayos...
Jovar -
¡Y se convirtieron en monigotes de tierra y silencios!
Marcos - (Excitado)
¡Basta, basta, Jovar!. ¡Es fácil
hablar cuando nadie te sigue los pasos!, ¿verdad?. ¡Oh, sí, es muy cómodo
echarse el azadón sobre el hombro
y marcharse tranquilo a enterrar a los muertos cuando nadie te acosa! (Pausa.
Más tranquilo) Por aquella calle, por
aquella calle mojada y oscura, caminé sin quererlo porque creí ver una luz
hacia el fondo... Luego aquellas voces me atormentaron a cada paso, pero yo seguí
caminando porque había una luz misteriosa al final del camino. Y más tarde,
cuando el cansancio se iba apoderando de todos mis huesos, aquella luz que
brillaba hacia el fondo desapareció y las voces se hicieron más densas, más
agudas, más fuertes... (Mientras habla se ha ido separando de Jovar y acercándose
a los espectadores) No sé si fue un sueño,
pero la brisa me trajo la canción de uno hombres que habían huido de aquella
calle mojada y sin luces. (Al público) Estaba cansado y tenía miedo... Habían agotado el amor y nadie les
tendía una mano... (Vuelve a él) También
yo estoy cansado, también a mi me faltan las fuerzas... Estoy solo y tengo
miedo.
Con
estas últimas palabras Marcos se ha ido quedando paulatinamente inmóvil.
De
pronto se oye el gemido furioso de un niño dentro de la casa. Jovar se
levanta
instantáneamente, se dirige a la casa, y después de derribar de una
patada
la puerta, entra. Al cabo de unos segundos reaparece llevando en sus
brazos
a un niño recién nacido y seguido de cerca, acechantes, por todo el grupo.
Jovar - (A
Marcos, que permanece inmóvil) ¡Marcos,
el niño, el niño! (El niño gime y Marcos sale de su quietud volviéndose
lentamente)
Marcos - ¿El niño...?. ¿De qué me hablas, Jovar?
Jovar - (Mostrándole
al niño) Acaba de nacer, Marcos... ¿Ves?,
estos lloros son sus primeros gritos de vida. Lo he traído para ti porque te
necesita.
Marcos - (Forzando
indiferencia) No sé de qué me hablas,
Jovar. (Dándose la vuelta y volviendo a inmovilizarse) Estoy
acabado y ya no me pertenezco del todo... (Para él) Había unos árboles quietos en aquel campo que movían sus ramas con
la brisa del viento. Era una canción de silencios, de angustias antiguas, que
se perdían en la tarde... (Más grave) Y
el hombre se hizo de hojas y ramas, y olvidó sus tristezas en aquel suelo pequeño...
Jovar - (Confundido
se acerca a Marcos seguido por todo el grupo) ¡No,
no, Marcos, espera!. Te lo he traído porque te necesita. Hubiera podido dejarlo
allí, solo, pero intuí que lo deseabas. (Marcos continua impasible) ¡Marcos...!
Marcos - (Grave,
sin moverse) Y el hombre convirtió su
copla manchada en brisa de campo. Y
sus pasos cansados echaron raíces entre la tierra y el cielo...
Jovar - No
es posible, Marcos, no es posible... (Apesadumbrado) Te lo había traído
porque estaba muy indefenso... pero aún no es tarde. (Señalando al grupo) Estos
hombres esperan para cuidarlo. (Zarandeándolo) ¿No
los conoces, di, no los conoces? (Marcos se vuelve y les mira sobresaltado) Sí,
son tus amigos, y habían ido a esperarlo. Ellos aguardan ansiosos y no tendré
más remedio que dárselo...
Nelson - ¡Qué
encanto de niño!
Mujer 1ª - La criatura...
Predicador – Nosotros le cuidaremos...
Mc Intre – Le educaremos...
Walt -
Le cantaremos dulces canciones de cuna...
Hombre 2º - Seremos sus padres...
Mujer 2ª - (Acariciándole)
Le daremos nuestro cariño...
Marcos - (De
un salto se interpone entre el grupo y Jovar) ¡Al
niño no, el niño es inocente! (Lo coge en los brazos con cariño) Es muy pequeño... ¡Al niño no, cobardes, sería muy fácil!. ¡Fuera,
fuera, el niño es mío, yo lo necesito! (Lentamente el grupo empieza a
desaparecer por el foro) Al niño no, el
niño no tiene la culpa... (Al niño, cariñoso) Verás una calle mojada y muy larga, y unas voces te seguirán los
pasos. Será de noche y tendrás mucho miedo, mi niño, pero yo estaré siempre
a tu lado. (Con estas últimas palabras han ido apagándose las luces. Jovar,
detrás de Marcos, ha sonreído satisfecho y ha desaparecido por un lateral) Será
de noche y unas voces agudas te perseguirán por esa calle interminable... pero
yo estaré siempre a tu lado, pequeño...
La
escena queda totalmente a oscuras.