CREYÓ...

 

Creyó haber divisado aquel espacio en donde todo podía explicarse sin miedos, donde los fantasmas nunca más perseguirían caricias vestidos con ropajes de payasos insidiosos, donde no importarían pretéritos ni pasados porque sólo los presentes tenían carta de presentación adecuadas...

 

Se olvidó que las estrellas no siempre traspasan de luces las nubes de tormenta. De que llueve y truena en primavera. De que la luna no sale a caminar todas las noches con su sonrisa pirata. De que, a veces, el mar oculta mareas que matan y traicionan...

 

Presintió que la palabra podía ser insuficiente para exorcizar distancias, que los dioses cotidianos no osarían hacer revoluciones pendientes cuando los sueños estaban ya tan cerca de proyectos con  plazos y cadencias, que simplemente la verdad sería capaz de ventear misterios y parapetar realidades dolorosas detrás de huecos sin salida...

 

Barruntó que la evidencia puede arrastrar heridas tan profundas como simas, y tan antiguas como lanzas de tótenes inciertos. Que hay besos que duelen, y sonrisas que confunden y que engañan. Que el cariño casi siempre es impuro y va cargado de presagios e intereses. Que no hay filtros eficaces para ilusionar desencantos...

 

Decidió seguir jugando a la ruleta

y apostar en todas las jugadas...

 

Luis E. Prieto