CUANDO...
Cuando dejamos de ver la primavera como un juego de luces
y colores, y sentimos que el verano traía calores en el alma y en los
recuerdos, no solo en los días de agobiantes amores desmadrados...
Cuando empezó a picarnos las carnes a impulsos de sangres
trastornadas detrás de olores imprecisos, de tersas siluetas en movimientos
continuos, de ocultas sensaciones de furibundos deseos...
Cuando se nos hizo chico el mundo, pequeñas las verdades
absolutas, imposibles el amor y la justicia, descastados los horizontes
cotidianos, necesarias las promesas que ya nunca más creíamos...
Cuando tuvimos que admitir que la mentira piadosa fuera
nuestra convidada compañera y abandonamos para siempre el vosotros por el mío
pensando que sería dulce y prolífica la trasmutación de la inocencia...
Cuando nos disfrazamos con los ropajes alternantes del
viento para dejar de preguntarnos qué sería de nuestras ideas y de la búsqueda
perpleja de la existencia...
Cuando mentimos con pasión o engañamos con terca
indiferencia porque era conveniente para un futuro que ya solo dependía de
nuestros impulsos y de nuestros competitivos esfuerzos...
Cuando dimos el salto sin saber muy bien dónde agarrarnos
o caer ya que el mundo te andaba obligando clavándote aguijones desgarrados y
voraces en tus dedos juveniles...
Cuando aceptamos que solo lo que nos rodeaba íntimamente
podría merecer nuestro amor y nuestro esfuerzo, e incluso, a veces, ni siquiera
eso; cuando enfilamos nuestro rostro marcado hacia una multitud desafiante sin nombre
y sin figura...
Cuando supimos de la soledad y del silencio, del desamor
y de la ira, del placer del odio acumulado, del olvido y la tristeza, de la
ambición...
Entonces, entonces dejamos de ser niños.
Luis E. Prieto
25-7-2001