Llegó desde donde se habían escondido los deseos
insatisfechos de generaciones de visionarios, de utópicos y de perdedores.
Dijo: vengo a vengarme de los tontos y de los cretinos
que han ido dominando la tierra con sus vulgares ideales y sus pragmáticos
consejos.
Y vinieron los yupies, los entrenadores de las economías
subterráneas, los filósofos del miedo, los posibilistas iracundos y confesos,
los fanáticos irredentos, los rimadores incombustibles y los políticos, y se
rieron de sus alas sucias de andar vientos y caminos, y de su espada, que no
era un ascua de luz y de reflejos.
Y entonces el ángel dio un grito que removió las entrañas
de todos los rincones donde andaban ocultos millones de sueños que no se
atrevían a salir al aire por miedo a ser tachados de estúpidos.
Los sueños enclaustrados abandonaron entonces sus
refugios y salieron a campear por las plazas y las calles, por las almas y las
mentes de muchos solitarios que descubrieron de pronto que no estaban solos,
que eran una legión oculta y necesaria.
Los pragmáticos diletantes y los sofistas comprendieron
que a aquel ángel de alas rotas y espada herrumbrosa habría que tomarlo en
serio, y le ofrecieron articular su grito en un programa globalizado para los
cinco continentes con unos índices de audiencia de al menos 500 millones de
almas.
Y el ángel dijo: fuera, usureros, mercachifles,
manipuladores, estultos, miserables...
Y se fue, con sus alas medio rotas y su espada de
juguete, a recorrer los caminos por donde vagaban, desde siempre, los sueños
realizables...
Luis E. Prieto
26-7-2001