( para
Marial )
Fueron llamados al circo los restos del naufragio: había libélulas de noche oscura, elefantes sin memoria, pavos-reales ocultando sus plumas marrones y ocres, tímidas gacelas de colores inciertos, serpientes de venenos escondidos en la sonrisa fácil, saltamontes voraces de mirada torva, ruiseñores de voz prestada para la gala de la tarde famosa.
Se abrieron las puertas de los besos perdidos: lágrimas de placeres expuestos en las palabras encendidas, chorros de satisfacciones engañadas para el espectáculo, engolamiento de voces para repudiar recuerdos y tristezas, caricias que se tornaban acuses de recibo necesarios, emociones que se arrugaban por dentro...
Ya no había mar, ni islas: solo mareas y resacas aguardando los solsticios de la luna de Cáncer, esperando los circunloquios del afán previsto.
Muecas de júbilo rasgaban los ombligos redondos, agazapados tras los cortinajes de la feria, maldiciendo en silencio la tragicomedia de las máscaras con vocación de mimos del arte.
Y se abrió el telón para rememorar los sueños que no fueron, porque los fantasmas nunca dejaron de arrastrar sus cadenas de fango y estiércol.
Y se cerró el telón, artificiando parabienes y discursos de futuro, aunque bien sabían que los restos del naufragio solo permanecerían intactos mientras los pavos-reales y las serpientes pudieran seguir ocultando plumas y venenos.
Luis E. Prieto
Junio-06