¿SEGUIRÁS CANTANDO?
¿Has dormido en estas noches oscuras?
Verás: una horda de enanos sigilosos iban persiguiendo
sueños, y mujeres sin brazos y sin piernas atrapaban las palabras que luchaban
en mis labios sin atreverse a volar con el aire.
Sí, no me lo recuerdes... El amor estable no sangraba ni
hacía aguas, ni siquiera se confundía en la historia de pasiones decididas o
solemnes, no laceraba de dolores el viaje necesario hacia la nada, no tributaba
débitos ni delirios asesinos, no estrangulaba posesiones..., pero los enanos
daban gritos con el acento violeta del insumiso atormentado, y no encontraba
las palabras para intentar devolver los brazos y las piernas a la legión de
voces que se hacían de papel “cuché” entre el rojo de la ira.
Todos tenían nombre, y muchos iban marcados en la frente
con estigmas de siglos. Los he reconocido sin moverme y sin turbarme: sólo me
he atrevido a potenciar el grito solitario y solidario, más por vergüenza que
por justicia.
Al fin, llevas el sol acariciante bien oculto en tus bolsillos de mago confeso en múltiples
batallas ficticias. Al fin, sabes más de dolores por relatos que por heridas
abiertas. Al fin, conoces la distancia necesaria entre vivir las lágrimas y
tomar prestadas azucenas para hacer ramilletes con tu pluma. Es sólo cuestión
de andar bien resguardado tras el muro victorioso para que no te salpique la
sangre, ni el hedor nauseabundo de la miseria.
Tu impermeable impenetrable soporta bien las lluvias de
azufre.
Y tu paraguas siempre te sirvió como arma arrojadiza.
¿Seguirás cantando todavía?
Luis E. Prieto
29-9-2002