Has llegado tarde al gozo de ver el compromiso del sol
con las estrellas, y sólo cuando la deslumbrante línea de plata sobre el agua
anuncia el manifiesto del día con las horas, sólo cuando las sombras comienzan
a salir, como fantasmas asombrados de sus huecos de silencio, - al amparo de la
luz de los engaños-, sólo entonces, te has dado cuenta de que la muerte te
persigue impertérrita...
Llegaste tarde a la mentira y al amor porque osaste
analizar qué de amores y mentiras copulaban los hombres en sus sentimientos
contrapuestos, -y tan pregonados en palabras escritas y robadas al viento-, en
los libros de la vida que dejaron en tu biblioteca de aprendiz de casi nada...
Tarde has arribado a la risa desde genéticas esenciales
que encarcelaron tus labios en presupuestos técnicamente confusos, en gestos
pretendidamente trascendentes, en proyectos surtidos de lágrimas frescas, como
emisarias de un mundo en el que el dolor, y las sangres, se visten con
frecuencia con la cotidiana sombra de lo inevitable...
No has conseguido el tiempo para desbordar miserias,
atracadas desde siempre al puerto de la vida, donde los cadáveres se amontonan
con sus gestos de asombro entre sus huesos mezclados, ni para hacer malabares
de magias necesarias con el odio, ni para desertar iras vagabundas, ni para
reconvertir tristezas ataviadas de hambres antiguas, de tierras hueras...
Espero que seas aún capaz de sacar de tu chistera
ilusionada algún conejo convertido en mariposa de colores errantes... porque la
muerte casi nunca se retrasa.
Luis E. Prieto
26-8-2002