EN EL DESVÁN
En el desván,
he dejado en el desván los reptiles
que acariciaron mis ojos
en tiempos del preludio de las horas
insatisfechas de vientos desmembrados.
Tomé
mi pluma y mis aperos
de descubridor solícito de rosas
y seguí zapateando madrugadas
para encajar futuros y promesas.
Y cuando el viento me dijo que los días
desesperaban salitres de mares sin baúles
donde perder la inocencia redimida,
cuando comenzaron a despertar sabores
por encima de los labios entregados y solícitos
y la voz retornó a torear lunas de porcelana y jazmín,
entonces, sólo entonces y por siempre,
interpuse el sonido atónito del agua, del calor
de los sueńos, de las pertenencias del combate,
del corazón que siembra amaneceres tardíos.
En el desván de los conjuros
he ido dejando caricias de primaveras desnudas…
Luis E. Prieto
Marzo-04