HÁBLAME DEL SUICIDIO DE LAS FLORES
Háblame del suicidio impenitente de las flores
ahora que apenas quedan gladiolos
en los parterres, que se escaparon todas las margaritas
después del combate del sol contra la tierra.
Confiésame
que la muerte no vendrá a colorear de negro
-de esa negra ausencia de querer-
las parcelas en las que amamos la sangre libre
en los tiempos del dolor y el júbilo, que buscarás
aún los muros donde juntamos rabias y silencios
huyendo del gris manido de las mentiras piadosas.
He de amanecer algún día
confiscando la saliva de tus labios encarnados
con jeroglíficos de pasión y dudas;
retomar el rojo de los crisantemos de luto
y desbancar el aire viciado de la noche estéril
que se rompe en las ventanas de mi voz
quebrada entre las lágrimas de caminos sin luz.
Porque sólo tendré la paz
cuando las máscaras hirientes del carnaval sombrío
se fundan con las manos silvestres, atenazadas,
de los solitarios de corazón sin patrias ni banderas
en una orgía de respuestas en rojo-lumbres.
Entonces sí:
háblame entonces del suicidio voluntario de las flores
o de las mariposas sin alas recurrentes…
Luis E. Prieto
22-2-2004