JAMÁS REPARTISTE VIENTOS
Nunca te hizo libre
el dolor
de los espejos opacos.
Sabías del rayo que no cesa
y del agua que alimenta fangos en los ojos
desde caricaturas al borde del abismo
compartiendo noches despavoridas de sangre.
Nadie desterró la lengua
para pulir
meandros sin azules.
Padeciste la herida y el consuelo
hasta recomponer molinos de vértices obtusos
y desiertos con flores al amparo de rosas
prendidas en las solapas del amor soez.
Jamás
repartiste vientos de luz
ni risas:
murciélagos invidentes
volaron en el suicidio de las madrugadas
acechando la soberbia de los dioses.
(Para L. B., L. D-A., A. G., L. G., T. S., M., L. A., X. G., E., M. O., L. A., B. P.)
Luis E. Prieto
Abril-04