NO HAY MAR NI AIRE
No hay mar
para los marineros sin rumbo,
ni aire que despose
a los soñadores sin sueños.
Al fin
la tierra abrirá sus fauces inmundas
para alimentar el recuerdo de los anacoretas
que inmolaron las sonrisas
en el cautiverio de los toboganes
-en negro y azufre-
o para destetar el silencio demacrado y cómplice
de los tiovivos de la feria anunciada.
Habrá que poseer
las máscaras de arena ardiente
-en gris desdibujado-
para recomponer el marchito rostro
de la noche, los besos pretéritos
que antaño mecieron la boca
antes de la furia de los saltimbanquis.
Y algún día
reconocer ese odio marrón
que desfigura los ojos en una niebla ruin
y que cala los huesos en racimos de pus
en los atardeceres vacíos…
Luis E. Prieto
Julio-04