PAREDONES SIN IRIS
Cuando se descomponen exilios
donde fueron a parar las miserias de la carne
en un ocaso de recuerdos
tapizados por el gris marengo de las horas,
entonces, sólo entonces,
me brotan madreselvas impuras en el rostro
para acallar
cicatrices en los labios de mi boca infértil.
Descifro el paredón agudo
de las tierras que circundan los ecos de mi voz
en cárceles de plástico indeleble
antes del fracaso del tiempo de las conjuras
en el acecho de la muerte tenue.
Nadie levantó los ojos hacia los días
en que el amor se vistió de princesa enamorada
de la noche cruel,
nadie
removió los dolores de las tardes sin luz,
nadie retomó los brazos cansados
cuando los acosos derrumbaron latitudes.
Ahora siento
susurros que se asombran por las aceras
de los caminos sombríos,
y espero al fin
que me nazcan violetas al otro lado del pánico
de los besos sin nombre ni caricias.
(Porque aún vislumbro rosas y salamandras sin iris)
Luis E. Prieto
Mayo-04