REDENCIÓN
He redimido el espanto del poeta
en catacumbas de tierras y narcisos,
vencido su perdurable voz
en firmamentos de incógnitas voraces
con soles prendidos del canto de un obús
a punto del suicidio o de la fuga.
¿Acaso han sonado los clarines
del juicio de los justos?
¿Se han roto, acaso,
los vientres ateridos de la ira
en pérfidos cristales de oropel?
El poeta no sabe de números ni velos:
revierte su mirada
en escondrijos de amores complacientes
y sale a airear dolores
a traspiés del volar de mariposas.
El poeta ya
no sabe dónde se esconden los azules…
Luis E. Prieto
Octubre-04