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CUANDO EL SOL
Cuando el sol
no lacera los cuerpos pensados para el júbilo
de la tez morena,
de la piel
en melocotón abierto,
hay un deshielo de sonrisas y placeres
circulando por el agua calma,
y las nubes
se ríen del misterio abrupto
de las olas.
Es entonces cuando las miradas se esconden en los ojos perdidos, cuando el asombro se torna luz inconsistente, cuando huyen los fantasmas colorados hacia latitudes de rostros impasibles pendientes del milagro.
Y llueven sombras que la brisa acumula en las uñas, y la lengua se rebela en sabores de hierro, y una soledad sin ruidos ni murmullos se apodera de los presagios escondidos que duelen en las alcantarillas de la memoria olvidada.
Entonces
el mar es sangre sin espumas,
y dolores las mareas
que separan el hambre de la rabia
de las manos vacías;
baños turcos,
saunas y jacuzzis,
el tedio de no querer saber
cómo mueren las amapolas
al otro lado de la orilla des espanto.
Y luego, cuando la noche perfume con notas de piano el último daykiri, la luna te sacará la lengua burlona mientras las gambas de la Bahía visten de luto sus pieles blancas entre los chinchorros de la playa, y las sábanas de hilo eructan las miserias de los pobladores del lujo y el silencio.
(Nadie sabrá, pues, de dónde vienen los habitantes hipotérmicos y sucios, de rostros oscuros, que amanecen en los rompeolas del dolor y el miedo)
Luis E. Prieto
Agosto-05