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CUANDO LLEGASTE DUENDE
Llegaste a mí
diluyendo los misterios de la madrugada
mientras mil enanos me bailaban recuerdos
de dolor y lucha.
Nadie desafió
el ombligo de las cárceles siniestras
por donde se iban ajando las paredes
con moho de siglos.
Te vi rozar
-con tus dedos de bruja deforme-
la punta de mis sandalias
luego de que la fiebre calzara sus botas
de llanto.
No hubo más: reptiles
iracundos con las voces del día
y confabulando sueños en gris humo;
coletazos de nubes
amarronadas en los confines de una luz
que se desvanecía en las horas de plomo;
miedo a sobrevolar el frío
que atenazaba el balanceo absorto de las arañas malditas.
No hubo menos: palomas torcaces
derritiendo los cien mil arcoiris
de un silencio que se vistió de otoño infeliz
antes de derramar mi sangre en los besos del insomnio...
Luis E. Prieto
Abril-05