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HE SABIDO
No lloraré
por la ausencia de las manos
que han derretido las últimas caricias.
Siempre supe
que las miradas de azúcar
eran relojes de horas inconstantes,
papiros de luz fugaz
para el canto de los cocodrilos silentes
que respiran en el odio.
Y supe del dolor
de las procesionarias circunflejas
que danzaban aires lujuriosos
en los rincones donde la voz se calla,
atenazando distancias eléctricas
entre las máscaras embargadas por el tiempo.
Tendré que saber aún
de mares burlados y de margaritas impuras,
de cuervos que se erigen
en gorriones inermes, de olas
que se quiebran en los malecones
de los labios ofrecidos.
Tendré que saber al fin
que no hay manos que sostengan el rumbo
de las lágrimas de los poetas vacíos.
Luis E. Prieto
Mayo-05