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NO SABRÉ
Ahora sabré
para qué sirven las violetas imperiales,
por qué siguen destilando rojos
las miradas de los niños hinchados
con mocos en las barrigas del sueño,
a dónde
han ido a parar
las cenizas de la guerra invicta
que los halcones inventaron para redimir
las tumbas.
Y callaré la rabia
de las orugas que desfilan ojeras
para que la calma del estío
no destile nuevas llagas
en las olas cansinas que se duermen
tras el sofocante ventilador de un mundo
que vegeta vacaciones de cartón:
el fuego y el mar
ya han servido para que las serpientes
vendan su piel a las efigies
que recorren la tierra a trompicones.
Mi voz inútil
se oculta en tabernáculos heridos
para acallar la muerte de los días
antes de que la lepra subyugue
mis manos sin banderas ni pasquines,
y la carcoma
inunde la fe que se evapora en la luz.
Ahora no sabré
más que el rumor de mis refugios...
Luis E. Prieto
Agosto-05