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Y VINO LA LUZ
Y vino a renacer la luz
desde los balcones podridos del silencio
donde morían atardeceres de sal y fuego.
La voz
reconstruyó acantilados y lujurias
en un retomar de murmullos
confabulados en el desierto de los dioses.
Nada fue
pasto inútil
de los murciélagos
envenenados
de sangre.
Las efigies
-programadas para retumbar las luchas-
corearon el desánimo mítico de las mañanas vacías
antes de que se pudriera la carne infeliz
en los barrizales de la lluvia ácida.
Todo
supervivió al desánimo
de los rompeolas
hambrientos de verdes.
Y vino la luz a redimir
los espacios sombríos
en los que el amor se ocultaba
entre sonrisas
abiertas para el desahucio de una soledad
que se perdía entre azules.
Luis E. Prieto
Junio-05